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Cuatro décadas después

Memoria histórica islámica de Indonesia

Los partidarios de Suharto «defendían su patria y el Islam» de la amenaza comunista

Sábado 29 de noviembre de 2008, por ER. Yakarta

Los hombres ataron los pulgares por la espalda a decenas de presuntos comunistas usando hojas de bananos y los llevaron a un descampado en la selva, iluminado con antorchas. Uno a uno los fueron matando, en medio del abucheo de los lugareños.

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Haji Mohamed Suharto
Ajustició a miles de personas en nombre del Islam

Sulchan, hoy de 64 años y predicador de la irracionalidad mahometana, era entonces miembro de la milicia anticomunista Banser. Fue uno de los participantes en la matanza de hasta medio millón de personas entre 1965 y 1966, en una purga de «comunistas» apoyada entonces por Estados Unidos. Tras ella llegó el dictador Suharto, hoy ya fallecido, que gobernó hasta 1998.

Todo empezó después de un fallido golpe intentado el 30 de septiembre de 1965, en el que fallecieron seis generales arrojados a un pozo de agua cerca de la capital, Yakarta. Suharto, un mayor general poco conocido, asumió el gobierno para llenar el vacío de poder. Atribuyó los asesinatos al Partido Comunista de Indonesia y dijo que su blanco eran los líderes islámicos. De hecho, Sulchan confesó que recibió de clérigos islámicos «la orden de eliminar a todos los comunistas». A un maestro de su barrio, Hamid «lo golpeamos en la cabeza con un mazo y murió en el momento». Posteriormente se sucedieron muertes y decapitaciones, con el absurdo motivo de que los muertos podían volver para vengarse. ¡Gran racionalidad la que nos transmite el Islam! No sólo elimina los cuerpos sino que cree que pueden reanimarse.

Además, Sulchan se siente satisfecho de sus acciones en defensa del Islam. «Las acciones estuvieron justificadas porque los comunistas eran enemigos de mi religión». «Sentí que hacíamos lo correcto». Lo correcto fue recopilar los nombres de sospechosos de ser comunistas —en realidad, de sospechosos de no ser islamitas— y se asesinó en el acto a quienes opusieron resistencia. Otros fueron llevados a centros de detención para luego ser conducidos a descampados donde los asesinaron. También los indonesios de ascendencia china, por comunistas y mal vistos históricamente, fueron asesinados y sus casas saqueadas en 1998.

Los libros de historia de Indonesia, la memoria histórica mahometana, no mencionan una sola de las muertes. El gobierno y los militares califican los hechos como «rebelión armada contra la amenaza comunista». Pero lo cierto es que no se trataba de una simple lucha regional dentro de la Guerra Fría EUA-URSS —aunque el Partido Comunista de Indonesia era el más grande del mundo, con tres millones de afiliados, tras los de la URSS y China, no parece que intentaran ningún asalto al poder. Todos hablaron con orgullo y sin el menor remordimiento, convencidos de que estaban defendiendo su país y su religión, el irracional Islam.

Incluso tras la muerte de Suharto en enero, muchos de los que colaboraron en la purga siguen ocupando puestos importantes o ejerciendo mucha influencia. Motivo suficiente para que aquellos horribles sucesos sean olvidados de manera conveniente por los islámicos indonesios.


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