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12 de octubre, Dia de la Hispanidad, día internacional de Iberoamérica; Honduras da su visión

Hispanidad en Honduras: Leyenda Blanca y Leyenda Negra

Reflexiones desde Honduras

Domingo 12 de octubre de 2008, por ER. Tegucigalpa

Hoy 12 de octubre se conmemora la fecha en que Cristóbal Colón y sus tres caravelas, tras meses de navegación atlántica sin garantía alguna de llegar a su destino, salvo para unos pocos, llegaron al Nuevo Mundo, el, sin duda, acontecimiento más decisivo de la Historia y al que debemos nuestra existencia. La conquista de España y la creación del Imperio Español, el primero realmente universal, trajo sombras y luces. Sombras por las matanzas, el enriquecimiento de individuos deshonestos, las enfermedades y el comienzo del expolio europeo. Luces por traer un maravilloso idioma, universidades, ciudades, carreteras, un derecho y una legislación que unificaron el continente. Honduras fue de las primeras tierras americanas en ser hispanizadas. En el siglo XXI es posible dar la vuelta del revés a la idea de Hispanidad y darle un carácter revolucionario y socialista

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Orgullo catracho
De Honduras al Mundo pasando por la Hispanidad

Dos visiones diametrales surgieron en torno a este acontecimiento, a la vez traumático y trascendental: aquella que exaltaba incondicionalmente a los vencedores, atribuyéndoles solamente hechos positivos, benéficos para los indígenas y sus descendientes, y otra que condenó la invasión de allende el mar, documentando la destrucción de pueblos y culturas aborígenes, la pérdida de la libertad y el autogobierno y la explotación de la fuerza laboral de aborígenes y de africanos, además del saqueo de sus riquezas culturales y naturales.

Dos visiones han oscilado, según el momento histórico, acerca de este trascendental acontecimiento, sólo igualado con el comienzo de la escritura en la Historia. De glorificarlo a maldecirlo, de encuentro de dos mundos a genocidio, de amor y respeto a odio recíproco. La Leyenda Blanca y la Leyenda Negra han sido dos visiones que, durante más de 500 años ya, se han adoptado según el contexto histórico como si de un péndulo se tratase el Descubrimiento del Continente de la Esperanza, como a este humilde corresponsal le gusta llamar. Y es que somos la Esperanza del mundo por nuestra juventud (Oceanía sería más «jóven», pero, con respeto lo afirmo, no está preparada como nosotros para poder influir de manera decisiva en la Historia Universal), y ya en sólo 500 años hemos aportado al mundo más gente decisiva que muchas otras zonas del planeta: de Tupac Amaru a Simón Bolivar, de Fidel Castro a Salvador Allende, de Porfirio Díaz al Che Guevara, de Rubén Darío a Jorge Luis Borges, y así podríamos seguir. Y lo curioso, y contradictorio que pudiese resultar para algunos, sobre todo ahora que el péndulo de la Historia está colocado del lado de la Leyenda Negra, es que todo esto no hubiese pasado sin el concurso de España.

Ahora España es vista, desde ideologías como el indigenismo, la corrección política o la socialdemocracia europea, como culpables de uno de los mayores genocidios, como destructores de cultura, como instauradores del absolutismo en América, de la explotación laboral de indios y esclavos africanos y como invasores. Pero, ¿acaso no es el concurso español el que me permite a mí escribir todo esto sobre ellos en un idioma que, precisamente, nació en la Península Ibérica? Sin glorificar a los conquistadores como en otras épocas se ha hecho desde dudosas ideologías, y sin tampoco negar los asesinatos y la explotación, en mi humilde parecer he de decir que menos mal que fue España, y no Francia, Inglaterra u otras naciones, la que nos conquistó. Mirén África, mayoritariamente británica o gala. La depredación allá, en la Madre Patria de toda la Humanidad, no sólo no ha mejorado el nivel de vida de los africanos, sino que los ha sumido en guerras tribales y en situaciones sociales peores que las anteriores a su colonización. Y es que el colonialismo es inseparable del capitalismo. Y nosotros, los americanos, nos libramos del colonialismo. Sí, los virreinatos y reales audiencias, unas formas administrativas propias de un reino feudal, no eran colonias, no había gobierno indirecto, y la situación de los indios no era comparable a la de los nativos africanos o asiáticos. Claro, otro cantar eran los esclavos negros en según qué zonas, situación que todavía pagan por el racismo criollo e incluso indígena. ¿Por qué han de pagar los negros por algo que no hicieron? ¿Cómo puede un amerindio despreciar a un negro en Colombia, en Ecuador, en Perú? Miren el ejemplo de Cuba. A pesar de los problemas, allí el racismo es inexistente. Gracias, Fidel.

El caso es que España, el Imperio Español, sin negar empresas depredadoras particulares, puso los cimientos de la buscada unión de Iberoamérica, ya que ellos mismos ya nos unieron políticamente, y gracias a España nadie era extranjero viviese en California o en la Patagonia. De Vancouver a Uzzhuaia, todos éramos españoles, súbditos sí, pero en 1812, cuando el déspota rey Fernando VII fue destronado por Napoleón, no sólo la España ibérica, sino toda la España americana, se levantó como una sola voz tanto contra el absolutismo borbónico como contra la invasión francesa. La Constitución de Cádiz de 1812 proclamó: «La nación española es el conjunto de los españoles de ambos hemisferios». De norte a sur del globo terráqueo, y de este (Menorca) a Oeste (Manila) todos éramos una nación, una nación política de ciudadanos libres e iguales en derechos y deberes. Cierto es que la libertad de los esclavos vendría después, pero en Cádiz hubo procuradores indios que eligieron y alabaron esa constitución.

Con la traición del rey felón Fernando VII, el absolutismo retornó, y los virreinatos no estaban dispuestos a renunciar a la libertad que con tanta sangre se ganó. Nuestra definitiva independencia fue una lucha por recuperar esa libertad, y bien que la logramos. Los catrachos conquistamos nuestra soberanía política el 15 de septiembre de 1851, partiendo de la provincia de Honduras, creada por España previamente en 1821. Y tras formar parte del primer (y en realidad único) y breve Imperio Mexicano, Honduras alcanzó la libertad. Nuestra cruz sin embargo fue no encontrar ninguna vía cabal de unión centroamericana, y tras varias conferencias fallidas y varios intentos de sometimiento por parte de filibusteros anglosajones como Walker, pudo el patriota Cecilio del Valle redactar el acta de nuestra libertad.

La historia es la que es y no se puede cambiar. Honduras es hoy una pequeña gran nación política de América central que podría incorporarse, si las circunstacias políticas fuesen óptimas, a los procesos políticos izquierdistas que en nuestra América se dan en varios países. Un proceso que, por chocante que pueda parecer en los tiempos que corren en que el péndulo está de parte de la Leyenda Negra, empezó España. ¿Se podría contar otra vez con España hacia una unión iberoamericana revolucionaria y socialista? Es pronto para decirlo, y el presente indica que en absoluto. Pero, ya lo dijo el gran Lenin, la historia vive multitud de transformaciones.

El odio, la incomprensión y el racismo mutuo (sí, no sólo los españoles —matizo, algunos españoles, y no todos—) condicionan todavía las relaciones a ambos lados del Atlántico. Leyenda Blanca o Leyenda Negra, Hispanidad conservadora o indianismo pretendidamente socialista (siendo en realidad conservador, ya que es incapaz de ver más allá de la tribu). Dos polos de un debate inacabable y, para algunos como yo, contraproducente para todos. Un debate sobre una cuestión condenable y rechazada, o vista desde un infantil paternalismo, pero siempre un acontecimiento insondable sin el que el mundo de hoy pueda prescindir. Sí, España descubrió, conquistó, masacró, civilizó, se llevó riqueza pero también la trajo, derribó culturas pero también unificó un gran territorio con la suya, y eso nos ha permitido hoy compartir valores comunes que desde hace décadas muchos pretendemos consolidar. España, para bien y para mal, más para bien, puso la primera piedra sobre la que edificar el socialismo iberoamericano todavía embrionario. Para mí, habría que contar con España. Si los Estados Unidos cuentan para todo con Inglaterra, su Madre Patria, desde coordenadas capitalistas, ¿por qué no podríamos contar nosotros con nuestra Madre Patria, España, desde coordenadas socialistas? Dejo ahí mi reflexión, pero España es nuestra puerta al resto del mundo para extender el socialismo del siglo XXI. Europa ha utilizado a España, una España debilitada ya y sin Imperio, para imponer sus ideas y valores en Iberoamérica. Es hora de que Iberoamérica imponga sus valores e ideas a Europa y el resto del mundo utilizando el trampolín español (y portugués).

Hay elementos unificadores ya: el idioma español, segundo idioma del mundo ya, que permite que la cultura de 500 millones de hombres tenga importancia universal y pretenda ser conocida por el resto del mundo. Un idioma que unifica e iguala a españoles y americanos. Tenemos millones de emigrantes en España, gente que con su trabajo, su honradez y su constancia ayudan a levantar un país que consideran ya también suyo, además de ayudar a levantar naciones americanas todavía en desarrollo, con el envío de remesas de dinero a sus familias acá. No se trata de devolver la moneda a España, sino de aprovechar la generosidad española tradicional para construir un futuro mejor para nuestros hijos. Los valores iberoamericanos, los valores españoles, todos los mismos, son valores universalistas y universales, para todos los hombres del planeta. Por ello, estudian nuestros valores, nuestras ideas, nuestra Historia, porque saben que somos un referente y un camino para el resto, tanto países ricos como pobres. Los millones de hispanos dentro del Imperio Estadounidense son una fuerza imparable tanto política como cultural. Políticos y empresarios yankis intentan seducirlos, pero ¿por qué no un proyecto propio político dentro del Imperio, que no segregue ni discrimine a negros o blancos, a indios o a asiáticos, como tradicionalmente han hecho los anglosajones? Y aquí entra una de las grandes herencias de España: el mestizaje, incluir a todos, igualar a todos, homogeneizar a todos; no discriminar a nadie, no excluir a nadie, no crear privilegios, no tolerar separación alguna.

El siglo XXI es el siglo de Iberoamérica. En vez de Hispanismo conservador y de indigenismo revolucionario pero víctima de sus propias autolimitaciones escojamos un camino superior, innovador pero apegado a nuestra historia: la Hispanidad Revolucionaria y Socialista. No hagan de menos mi propuesta por provenir de un pequeño país llamado Honduras. Un país orgulloso de su historia, de su gente, de sus pueblos e ilusionado por su porvenir. Pero también un país que, me juego el cuello, dispuesto a todo por incorporarse a un proyecto superior: el de una Izquierda Universalista que parta de la Hispanidad. Sin exclusiones, sin privilegios. Para todos.

Estoy seguro de que sería el fin de la oscilación del péndulo.


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