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«Al lado y por encima» del libre mercado y del formalismo de la retórica democrática

Los monopolios realmente existentes de México se disputan el poder material del Estado

Televisa, TV Azteca y Carlos Slim, protagonizan en el terreno donde se define objetivamente la «anatomía de la sociedad civil», es decir, la economía política, la verdadera dialéctica de poder del estado mexicano

Viernes 5 de enero de 2007, por ER. México DF

La libre competencia en el libre mercado de la sociedad libre, democrática, moderna y tolerante de México

Durante el mes de diciembre pasado, los televidentes que acaso noche tras noche siguen, «para estar bien informados», las transmisiones de los noticieros más poderosos e influyentes de México, los proyectados entre las 22:30 y las 23:30 horas por los canales 2 (el conducido por el señor Joaquín López Dóriga) y 13 (el conducido por el señor Javier Alatorre), de Televisa y TV Azteca respectivamente, presenciaban una inusitada —por precipitada y, en una primera instancia, fuera de contexto— serie de «notas» relativas al pernicioso papel que juegan «los monopolios» en el delicado mercado de las medicinas.

En efecto, tras la ordinaria revisión de las notas políticas, deportivas, mundiales, &c., de pronto se pasaba la página al guión y se anunciaba «la nota del día» (¿de la semana?, ¿del mes?, ¿del año?, ¿del sexenio?): «los monopolios que controlan la distribución de medicamentos están matando a los mexicanos enfermos por ser ellos, los monopolios, los responsables de los altos costos de las medicinas».

Una vez anunciado el encabezado de la nota, se transmitían luego documentales cortos en los que, haciendo una abyecta instrumentalización de la miseria y enfermedad de muchos mexicanos (ahora se verá por qué), se mostraban «casos dramáticos» en los que aparecían miembros de familias pobres llorando por sus familiares enfermos y por lo caras que son las medicinas y por lo difícil y angustioso de su situación.

Ante la inadvertencia o indiferencia de muchos —aquí puede haber una clave—, la sorpresa de otros y, acaso, la suspicacia de otros tantos, este tipo de «notas informativas» —«veraces, oportunas y objetivas»— estuvieron repitiéndose por varios días hasta que el verdadero enemigo aparece: el Grupo Saba.

Efectivamente, las televisoras Televisa, del señor Emilio Azcárraga —que controla 258 estaciones de televisión y es la más poderosa fábrica de tele-basura (de basura fabricada: la inventada, el «pan y circo», más que basura desvelada: la real y objetiva) del mundo hispano— y TV Azteca, del señor Ricardo Salinas Pliego —que controla 179 estaciones y competidora pertinaz en la fabricación de basura— acusan en sus notas informativas al Grupo Saba, principal grupo en el mercado de la distribución de medicamentos en México.

¿Pero por qué de pronto tanta preocupación por la miseria del pueblo de México? ¿Por qué tanta preocupación por los pobres y sus problemas de salud? ¿Acaso estará esta estrategia duopólica orquestada «en nombre de la ética»? En absoluto.

El pueblo tiene la televisión que se merece

Y resulta que no. La campaña de denuncia contra el monopolio que en la distribución de medicamentos ejerce el poderoso Grupo Saba no estuvo hecha «en nombre de la ética» ni «por el bien de México». Se trata de una campaña orquestada por una razón muy distinta, a saber: el 21 de septiembre de 2006, el señor Isaac Saba Rafoul, accionista principal de Grupo Saba, asociado con el Grupo Telemundo, propiedad de NBC Universal, solicitó formalmente a la Secretaría de Comunicaciones y Transportes la licitación de frecuencias para una tercera cadena nacional de televisión abierta.

Esta fue entonces una estrategia diseñada en función del interés que tanto Televisa como TV Azteca tienen en que nadie entre ni en el mercado de contenidos ni el de frecuencias de transmisión mexicano. A partir del viernes 8 de diciembre, la compañía General Electric cayó presa también de las denuncias (GE es dueña de NBC Telemundo).

Televisa y TV Azteca concentran el 58% de la inversión publicitaria en medios, 80% de las concesiones de televisión y 90% de los contenidos audiovisuales. Este duopolio es el dueño efectivo de la información pública y de la generación de opinión política. Nadie los puede tocar. En sus manos está poner o quitar a políticos y son ellos verdaderos factores reales de poder del estado mexicano.

Por si fuera poco, Carlos Slim, uno de los hombres más ricos del mundo y el más poderoso de Iberoamérica, es uno de los principales accionistas del Grupo Televisa.

El gobierno de la república como gabinete de administración del comité de potentados del país

Pero esto no es todo. Buscando garantías para que se respete el «estado de derecho», y en nombre siempre de la «gobernabilidad democrática», es decir, buscando garantías para silenciar mediáticamente escándalos o movimientos de contestación política, embruteciendo —divirtiendo— al pueblo o controlando —aplastando— todo tipo de oposición; garantías que les permitan continuar desplegando sus estrategias de negocios, tan exitosas y globales, el bloque de poder mediático-financiero-empresarial dispone de sus piezas en el ajedrez político: los señores Eduardo Medina Mora, actual Procurador General de la República, y Luis Téllez Kuenzler, actual Secretario de Comunicaciones y Transportes, aparecen como posibles guardianes —democráticos, competitivos y modernos—, y bajo el mando del señor Felipe Calderón, de sus más sólidos intereses. Ambos, Medina Mora y Téllez Kuenzler, son operadores y promotores de intereses de variada índole, incluidos, claro está, los de Televisa.

Medina Mora, quien ocupó durante 2000 y 2005 cargos de rango estratégico en la administración pública en el gobierno de Fox —fue primero director del CISEN (la oficina de inteligencia del Estado, ¡nada más ni nada menos!) y luego titular de la Secretaría de Seguridad Pública federal—, fue al mismo tiempo apoderado y vocal del consejo de administración del Grupo Crea TV, constituido con el objetivo de la «producción y desarrollo de espectáculos y eventos artísticos en vivo de cualquier índole». Este grupo, de objetivo tan ambiguo como simpático, fue creado (según Proceso, 1571) en 1999 por Carlos Quintero Iñiguez, hermano de Alejandro Quintero, vicepresidente de comercialización de Televisa, y por el señor Héctor Aguilar Camín, conductor del programa de análisis político Zona Abierta, y propagador (tanto en México como en España, en el diario El País) del fundamentalismo democrático, la tolerancia democrática, la política democrática, el estado de derecho democrático, la vida democrática, el diálogo democrático, la transición y la consolidación democrática, las instituciones democráticas, la televisión democrática y, en definitiva, del «México democrático que todos queremos y por el que tanto hemos luchado».

Por su parte, Luis Téllez Kuenzler, luminoso y global economista del ITAM y del MIT y ex-Secretario de Energía en el gobierno de Ernesto Zedillo (1994-2000), fue en su momento miembro del Consejo de Administración de Cablevisión, filial de Televisa y controladora actual de más del 70% de la industria de la televisión por cable, uno de los sectores estratégicos que quedarán circunscritos dentro del Acuerdo de Convergencia Tecnológica cuya regulación pública estará a cargo, precisamente, del correspondiente titular de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes en el gobierno de Felipe Calderón: Luis Téllez Kuenzler.

Pero también nuestro economista prestigiado de «escala mundial» fue hasta hace poco representante en México del Grupo Carlyle, uno de los más poderosos consorcios industriales y financieros con intereses que, cubriendo el globo terráqueo, se despliegan en sectores tan estratégicos como los de armamento, tecnologías de la información, biotecnología, farmacéutica y el de las industrias nacionales que, tras la ola privatizadora, pasaron de ser plataformas geopolíticas de los estados nacionales a ser partes integrantes de consorcios privados multinacionales: la industria de defensa, la aeroespacial…. y la de telecomunicaciones, justo el área de nuestro flamante Secretario de Comunicaciones y Transportes, Don Luis Téllez Kuenzler.

Pues muy bien. Nada de esto nos espanta, puesto que la política y la geopolítica no son juegos de niños. La clave de estos asuntos, en todo caso, reside siempre en los criterios con que se dibujan las alianzas geopolíticas. Acaso nos interese más, por nuestra parte, todo tipo de alianza que se decante —privilegiándola— hacia el área Iberoamericana.

Pero acaso también nos interese que los monopolios, que existen siempre al lado y por encima del mercado, sean en todo caso del estado y al servicio del pueblo. ¿No se definió en su momento así al socialismo? ¿Por qué no se espantan los fundamentalistas democráticos y los apologistas del libre mercado ante tan aplastante, evidente y ofensiva concentración no ya de riqueza sino de poder político?

Pero, al margen de esto, ¿por qué no llaman las cosas por su nombre? ¿Por qué tratan al pueblo como débiles mentales? ¿O será verdad que el pueblo tiene a los dirigentes y a la televisión que merece?


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