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Raul Castro muestra otra cesión más

Cuba iniciará diálogo político con el Eje Franco-Alemán

España, país totalmente sumiso al Eje, servirá de enlace

Miércoles 17 de septiembre de 2008, por ER. Matanzas

Raúl Castro ha decidido que ya es momento para entablar diálogo político con la Unión Europea, o lo que es lo mismo, el Eje Franco-Alemán y sus países satélite. El levantamiento de las sanciones contra Cuba por parte del Eje en junio de este verano no es más que una estrategia imperialista depredadora para convertir a la isla en una pieza clave del proyecto europeísta de dominación de otros Estados

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Moratinos y Pérez Roque
La España actual, principal culpable de la impregnación socialdemócrata de nuestra querida Cuba

Que en Cuba, desde el abandono/retiro de Fidel (con todas las críticas que el viejo comandante pueda llevarse), se está produciendo por mor de su hermano Raúl un proceso de descomposición de la holización revolucionaria comenzada en 1959 y una vuelta a la mera existencia postcolonial es algo que se escapa a muchos filocastristas, que no ven más allá de las simpatías sentimentaloides hacia nuestro país. Pero lo cierto es que en Cuba, la izquierda comunista está perdiendo la batalla ideológica no contra el Imperio, adversario de envergadura al que pudimos tratar de tú a tú en algunas ocasiones, sino contra probablemente el mayor enemigo que jamás ha podido tener el comunismo de raíz marxiana: la socialdemocracia.

La socialdemocracia, hoy socialfascismo —socialistas de nombre, fascistas de hecho, como les gusta decir a los compañeros de El Revolucionario—, ideología de la clase dominante de la Unión Europea (debido a la total ecualización de esta con la democracia cristiana, la cual ya mismo no es nadie), ha ido penetrando poco a poco, como un ente viscoso, en el discurso y el quehacer de los políticos del PCC. Un ejemplo de ello son las declaraciones de Javier Niño sobre el diálogo político que la isla va a emprender con Europa, la Europa sublime del Estado de Bienestar:

«El gobierno cubano acepta iniciar ese diálogo. La propuesta de la UE es un diálogo incondicional, recíproco, de respeto mutuo y sobre una serie de campos como derechos y temas de medio ambiente. Ahora las dos partes están un poco negociando cuándo se podría concretar, pero lo ideal sería que fuera relativamente pronto, pero eso todavía, cuando será, cómo será y dónde será»

Con Francia como presidenta de turno de la Unión Europea, Cuba ha comenzado a mirar hacia un nuevo dueño. Si antes de la independencia fue España —en la medida en que España dejó de comportarse como un Imperio generador a mediados del siglo XIX y pasar a ser un imperio colonial más, lo que llevó a la patriótica lucha de José Martí, último gran baluarte de la izquierda liberal hispanoamericana clásica—, y desde la secesión hispánica hasta la Revolución, con Batista, fuimos propiedad del Imperio de los Estados Unidos de Norteamérica, hasta 1989 fuimos orgullosamente parte del Imperio Soviético, trágicamente fenecido. Hoy, Cuba busca con Raúl Castro un nuevo amo. Y si bien el imperialismo bolivariano choca frontalmente con las pretensiones de Raúl de tener menor trato con Chávez que su hermano mayor, el menor de los Castro Ruz no ha mirado ni a China, ni a otros Estados no democráticos homologados. Raúl mira a Europa, al Eje Franco-Alemán. Y España, con su ministro de Asuntos Exteriores Moratinos, es el enlace ideal.

El Eje Franco—Alemán utiliza a España como gancho seguro para el dominio depredador sobre toda la Hispanidad. Al menos es así cuando quien gobierna en España es la socialdemocracia (esto es, el Partido Socialista Obrero Español, hoy simplemente Partido). Y parece que Fidel, que en su última columna rechaza la ayuda estadounidense para paliar los efectos del huracán Ike (comprensible para asegurar la eutaxia del régimen castrista), se da cuenta de las intenciones de Raul. Ha criticado la hipocresía europeísta en su decisión de ayudar a Cuba, a la que ha calificado sujeta a múltiples condicionamientos. A Raul no le interesa desde luego aislar más a Cuba, y por ello busca socios que permitan el comercio normal y el intercambio continuo de bienes y servicios. Pero no es capaz, parece, de atisbar las intenciones depredadoras del Eje Franco—Alemán. Y España tampoco, la cual ya en 2005 levantó algo las sanciones (algo que Castro calificó como un gesto apenas notado por la isla), pero básicamente para influir políticamente en los cambios políticos cubanos hacia la democracia de mercado pletórico. Si bien en aquel momento el Gobierno español era proestadounidense (gobernaba Aznar), hoy la socialdemocracia es totalmente sumisa a lo dictado desde París y Berlín (especialmente París).

Y es que por lo visto, los hermanos Castro están divididos frente al Eje Franco—Alemán. Fidel no renuncia a la soberanía política y la independencia económica, ya mentadas por el Che Guevara en sus escritos, necesarios para el éxito de Cuba y de su Revolución socialistas marxiana. Pero para Raúl, Cuba ha de evolucionar en sentido similar a China, si bien Cuba no es China, ni tiene su Ejército, extensión, población ni formación política. La Izquierda Asiática sigue en pie, mientras que la izquierda comunista de la Tercera Internacional hoy día es más fantasma que cuando Marx y Engels la barruntaban en el Manifiesto. Y el socialfascismo europeísta está dispuesto a echar sus garras en Cuba, ahora que la crísis financiera estadounidense —con la posibilidad de que el aliciesco Obama gane— podría distraerle.

En todo esto hay un perjudicado: el proyecto de unión política de Iberoamérica, que hoy por hoy sólo defiende el bolivarianismo, y al que parece oponerse Raúl Castro Ruz. Y a pesar de lo indefinido del proyecto chavista, es el único que hay que habla de unión. Raúl es un impedimento para esa unión, al igual que lo es el Gobierno español actual de Rodriguez Zapatero. Sólo algo como un cambio en la orientación política exterior de Cuba —y también interior en algunos aspectos que no se pueden comentar ahora aquí— y un cambio total de régimen en España, con un Estado más fuerte, más cohesionado y más orientado al naciente socialismo iberoamericano, ayudarían a solventar estos escollos desagradables para toda la Hispanidad, aunque no sabemos qué es más díficil: o que cambien los españoles o que cambie Raúl. Los que desde luego no cambiarán son los imperialistas depredadores, tanto los que se sitúan encima de la isla como los que desde el otro lado del Atlántico muestran sus agresivas fauces.


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