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Dos aviones bombarderos rusos Tu-160 llevaron a cabo maniobras de vuelo y aterrizaron en Venezuela
Jueves 11 de septiembre de 2008, por ER. Maracaibo
El pasado domingo 7 de septiembre, el presidente de la República Bolivariana de Venezuela, Hugo Chávez Frías, anunció públicamente que su gobierno aprobaba la realización de operaciones militares de las Fuerzas Armadas rusas en aguas territoriales venezolanas. Este miércoles 10 de septiembre, dos aviones bombarderos rusos Tu-160 practicaron maniobras de vuelo y aterrizaron en Venezuela. Está planeado que en noviembre o diciembre se repitan y amplíen las maniobras -posiblemente con participación venezolana- entre cuyos elementos estarán el crucero nuclear Pedro el Grande y la fragata antisubmarinos Almirante Chabanenko, un buque de salvamento y un barco cisterna.
Aunque desde el Ministerio ruso de Relaciones Exteriores se ha afirmado que el operativo “no está dirigido contra ningún otro país”, no cabe ninguna duda de que las maniobras rusas en territorio venezolano, efectivamente, están -como no puede ser de otra manera- dirigidas contra otro Estado: es decir, contra el Imperio estadounidense. Como sabe cualquiera que no haya contaminado su juicio con la metafísica liberal-democrática, ninguna operación militar, sea ésta directa o indirecta, ofensiva o defensiva, puede ser llevada a cabo sin estar dirigida contra alguien; todo movimiento militar de un Estado es, en sí mismo y por ser tal, una amenaza contra otro Estado. Negarlo es ignorar el carácter determinante de la dialéctica de Estados, y su esencial contenido militarista, en la configuración de la política efectiva.
Las relaciones político-militares entre Venezuela y Rusia no están comenzando, por supuesto, en este momento. Estos últimos movimientos son más bien el resultado de una alianza estratégica entre ambos Estados que ha ido estrechándose intensamente al menos desde 2002 –fecha en la que, como se recordará, el gobierno bolivariano fue derrocado durante unas horas por un golpe de Estado. Todo el amplio movimiento de militarización del pueblo venezolano, que en este momento está llevando a cabo el gobierno bolivariano, dada la amenaza –implícita o explícita- de una invasión militar a su territorio, está íntimamente vinculado a la compra de armas a Rusia; el armamento ruso y su apoyo geoestratégico están en la base de la política de seguridad nacional de Venezuela.
No debe olvidarse que Venezuela controla un amplio margen del consumo energético de Estados Unidos; una posición semejante ocupa Rusia respecto a Europa. En este sentido, existen condiciones objetivas para el establecimiento de una alianza que beneficie la política estatal de ambos países (y perjudique la de otros).
Desde el punto de vista de Rusia, las relaciones políticas, económicas y militares con Venezuela forman parte de su estrategia expansiva y de recuperación de su predominio imperialista; la Rusia actual, cada vez más, destroza mediante sus actos el mito del final de la Guerra Fría y la progresiva “pacificación”, “liberalización” y “democratización” de las relaciones entre los Estados. ¿Acaso podría darse por concluida aquella guerra mientras el Estado ruso tuviera bajo su control un armamento nuclear capaz de amenazar la seguridad y existencia de otros Estados?
Por el contrario, desde el punto de vista de Venezuela, la alianza con Rusia forma parte de su particular posición dentro de la dialéctica de Estados: reconocida la existencia de Imperios y la imposibilidad de convertirse por sus propias fuerzas en uno de ellos, Venezuela intenta aprovechar los resquicios existentes en el Imperio estadounidense para ocupar nuevas posiciones geopolíticas (por ejemplo, en Centroamérica y el Caribe) y propiciar lo que habitualmente se conoce como “multipolaridad” –entiéndase, la multiplicación del número de los polos imperiales con el objeto de impedir el triunfo exclusivo de uno de ellos (“unipolaridad”).
En cualquier caso, hay que recordar que, en la medida en que Venezuela carece por completo de la capacidad militar para oponerse al Imperio estadounidense (tampoco, por supuesto, a Rusia), lo dicho sobre los intereses coincidentes entre Venezuela y Rusia y las bases materiales de su alianza estratégica no debe confundir la claridad que debe tenerse respecto de las coordenadas objetivas de la situación: las operaciones militares rusas en Venezuela son básicamente acciones de Rusia contra Estados Unidos, acciones en las que Venezuela es poco más que un impotente espectador.