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La movilidad de los talibanes complica en extremo su captura

Crónica de la presencia española en la Guerra de Afganistán

Las fuerzas aliadas no pueden reconstruir, ni construir nada porque bastante tienen con salvar el pellejo en un inmenso avispero

Jueves 4 de enero de 2007, por El Revolucionario

El Revolucionario ha tenido acceso a información privilegiada sobre el verdadero papel que las tropas españolas están desempeñando en Afganistán

El 7 de Octubre de 2001, y como respuesta a los atentados terroristas del 11-S, se iniciaban los ataques de los Estados Unidos en Afganistán, en la llamada operación «libertad duradera». Los objetivos militares, expuestos por el presidente Bush en su alocución al país del 7 de Octubre, eran la destrucción de los campos de entrenamiento de los terroristas o cualquier otra infraestructura que hubiese en Afganistán, la captura de los líderes de Al-Qaeda y el fin de las actividades terroristas auspiciadas por los talibanes.

El 20 de Octubre de 2001 las fuerzas de EE.UU habían tomado las principales ciudades afganas y, finalmente, en diciembre tomaban el control del aeropuerto de Kandahar.

La versión oficial daba por zanjada la cuestión; una vez que los talibanes habían sido desalojados del poder, la zona era «segura» y las tropas de EE.UU. y las de la Coalición internacional debían reconstruir el país y pacificarlo.

España se suma a esta «reconstrucción»

Los soldados españoles desplegados en Afganistán forman parte de la Misión de Asistencia a la Reconstrucción (ISAF), operación de Naciones Unidas dirigida por la OTAN y bajo mandato de la ONU.

A principios del año pasado eran 540 efectivos, a finales de año eran casi 700.

El Ministro de Defensa español, José Antonio Alonso, decía en rueda de prensa, en la cumbre de la OTAN de Riga, a finales de noviembre de 2006, que España no aumentará sus tropas en la provincia de Badghis y que seguirán allí haciendo labores de reconstrucción civil y ayuda a la población. El periódico El País (28-11-2006) insistía en que «la zona donde se concentran los ataques de la insurgencia talibán está al sur de Afganistán, muy lejos del lugar ocupado por los españoles».

En Badghis, al oeste de Afganistán, las tropas españolas lideran una base de apoyo FSB en Herat y una Unidad de Reconstrucción Provincial (PRT) en Qala e Naw, con más de 700 efectivos, en contingentes que se renuevan cada cuatro meses.

Las mentiras de Alonso y «la misión de paz»

Las tropas españolas, como señalaba un oficial al diario ABC, están en situación de combate.

El Revolucionario ha tenido acceso a información privilegiada sobre el verdadero papel que las tropas españolas están desempeñando en Afganistán, que no es otro que la lucha contra la insurgencia talibán que, en los últimos meses, ha desbordado la capacidad de respuesta de las tropas de EE.UU. y la gran Coalición internacional liderada por Inglaterra.

Tras el accidente, en 2005, del helicóptero en el que viajaban 17 soldados que perdieron la vida, al parecer tras chocar el rotor con una duna (lo que señala que se trataba de un vuelo rasante, de combate, para evitar la artillería enemiga) y tras la muerte de un soldado del ejército español de origen peruano, Jorge Arnaldo Hernández Seminario, al explotar un artefacto colocado al paso del convoy español, que también hirió a cuatro militares españoles más, todos ellos de la base de Herat, las noticias sobre Afganistán han ido descendiendo claramente en los periódicos burgueses, casi en la misma medida en la que crecía la sospecha de que estaban allí en misiones de combate. El relato del oficial, al diario ABC, ha vuelto a poner al asunto sobre el tapete.

El Equipo de Reconstrucción Provincial (PRT) también está en situación de combate, no de reconstrucción. Y en una situación dramática. De hecho, la situación de las tropas destinadas en la base de Herat es mucho mejor que la del PRT dado que, éstos últimos, están mucho más expuestos, aunque, supuestamente, deberían estar realizando carreteras o construyendo puentes y, por tanto, más cercanos a una población necesitada.

Pero no pueden reconstruir, ni construir nada porque bastante tienen con salvar el pellejo en un inmenso avispero en donde los talibanes parece que se mueven mucho mejor y tienen las de ganar. Además, el contingente español, como el resto de fuerzas de la OTAN realiza operaciones de apoyo militar a los EE.UU. en la busca y captura de los hijos de Talib.

Los americanos peinan primero la zona y las tropas de la OTAN, y el famoso PRT, entre ellas, ocupan la zona peinada por los useños.

La movilidad de los talibanes hace muy difícil su captura: los soldados, en un ambiente infernal (en verano, circulan en blindados sin aire acondicionado, a más de 50º C de temperatura; este invierno, en largas operaciones en el desierto, a 30º C bajo cero) y cargados con más de 30 kilos de material, no pueden dedicarse nada más que a sobrevivir.

Los talibanes atacan con explosivos en las carreteras, colocándolos en coches abandonados y en todo tipo de obstáculos que ponen en ellas, incluso animales muertos. Atacan en grupos de 100 a 150 hombres, que arrasan poblaciones enteras sin que puedan hacer nada las tropas. Los talibanes están bien preparados: han descubierto los tipos de blindaje de los coches y encuentran la munición adecuada para perforarla. También descubren los códigos de frecuencia del ejército que inhiben los detonadores y activan a distancia las bombas, sin problemas, o bien recurren a cables de más de 100 metros para poder accionar el mecanismo y desaparecer.

Las víctimas favoritas de los talibanes son los policías afganos que tienen una misión suicida. La policía afgana carece de medios. Los coches no aguantan las condiciones climáticas, se estropean con la arena, muchos no llevan ni uniforme, tan sólo les identifica una gorra, y sólo llevan un kalashnikov, con pocos cartuchos. Así son presa fácil para los grupos talibanes mucho mejor armados y más numerosos. Los soldados españoles han descubierto zulos en donde los talibanes esconden el armamento, que es bastante importante.

Las fuerzas militares de la OTAN no son queridas por la población, que percibe a las tropas españolas como invasoras y no como ayuda humanitaria, ni «misión de paz». Los puentes que se reconstruyen son inmediatamente derruidos por talibanes o cualquier otra facción. Todos los días lanzan piedras contra los convoyes. Es imposible hacer nada más que defenderse de la población a la que, supuestamente y según el ministro Alonso, se está ayudando.

Los militares españoles del Ejército de Tierra, compuesto en buena parte por hispanoamericanos, en sus misiones de combate, tienen el apoyo de la aviación, que ha demostrado ser, hasta este momento, el arma más eficaz contra los talibanes. Cuando el contingente español es atacado en tierra, al igual que sucede con el resto de contingentes de otros países, la aviación bombardea las posiciones desde la que les atacan. Esto sucede cuando ni con los fusiles, pistolas, lanzagranadas, armas contra carro, morteros, además de una ametralladora pesada que cada coche lleva, de nuestra «misión de paz», se puede con los que le atacan, siempre más numerosos.

Otro problema añadido es que algunas partidas del material bélico son defectuosas: los chalecos no pasan las pruebas de balística que los propios soldados hacen usando munición talibán. La munición los atraviesa.

Las principales acciones del PRT español son de combate: apoyo a la policía en los controles de carreteras, labores de reconocimiento y rastreo en el desierto que, en alguna ocasión superan los tres días reglamentarios en las condiciones inhumanas antes expuestas. Operaciones que, en verano, llegan a durar hasta cinco días en las que nuestros soldados, sin apenas más experiencia que algunas maniobras, duermen en el desierto a cielo descubierto. Los controles de carretera también son complicados: en uno de ellos, unos motoristas talibanes abrieron fuego contra las tropas.

Los soldados españoles están expuestos, también, a las enfermedades infecciosas, principalmente respiratorias y gastrointestinales debido a la ausencia de canales de desagüe y la abundancia de gérmenes que porta el viento del desierto.

En el invierno, la presencia de los helicópteros es vital porque muchas zonas quedan aisladas por la nieve y el hielo. Los helicópteros españoles no tienen blindaje. Los soldados colocan sus chalecos antibalas bajo sus nalgas.

Hasta ahora la fortuna y la preferencia talibán por los soldados americanos e ingleses que, al fin y al cabo, llevan el peso de las operaciones, ha impedido que haya más víctimas que no tardarán en llegar si persiste la situación.

Los propios oficiales se han negado a realizar algunas operaciones por el peligro que entrañaban.

A estas alturas, los soldados españoles y los oficiales sólo piensan en salir de aquél polvorín cuanto antes.

El gobierno, como en otras cuestiones, practica, con la situación de los soldados españoles en Afganistán, el «apagón informativo». Camuflado en «razones de seguridad», el ejecutivo no dice ni una palabra. Los soldados tienen órdenes estrictas de no hablar, ni conceder entrevistas de ninguna clase.

Pero la estrategia del pacifista Zapatero, adalid del Pacto de las Civilizaciones, el mismo que no se levantó en su momento al paso de la bandera norteamericana, se empieza a tambalear por todos sitios.

Queda claro que nuestras fuerzas armadas están luchando en Afganistán por la estrategia de los EE.UU. y arriesgando su vida en durísimas operaciones de combate que no existen para los españoles sin acceso a esta información, ni tampoco para un gobierno empeñado en calificarlas como «acciones humanitarias».


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