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Primer país aparte de Rusia en hacerlo

Nicaragua reconoce como Estados independientes a Abjasia y Osetia del Sur

Choque de reacciones en el país centroamericano

Jueves 4 de septiembre de 2008, por ER. Managua

La dialéctica de Estados juega de esta manera: Nicaragua, con su gesto, desafía al Imperio Estadounidense y al Eje Franco-Alemán, aunque no deja de ser simbólico, al menos desde los parámetros ideológicos de la clase dominante del Imperio

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El presidente Daniel Ortega ante los militares
¿Seguirán su ejemplo otras naciones políticas iberoamericanas?

Daniel Ortega ha sorprendido a propios y extraños al reconocer a Abjasia y Osetia del Sur -regiones de Georgia que quieren separarse del país para posteriormente volver a ser parte de Rusia- como Estados independientes. Dejando aparte a experimentos extraños como la Transnistria (otra forma que tiene Rusia de ejercer su influencia, en este caso, frente a Rumanía, parte del Continente Eslavo pero hoy día con un Gobierno que prefiere colocarla como colonia del Eje Franco-Alemán), Nicaragua es, con Rusia, la única nación política que ha reconocido a estas dos regiones georgianas prorrusas como Estados independientes.

Ortega dio en el clavo en su análisis: la condena del Imperio y el Eje Franco—Alemán (aliado de los Estados Unidos cuando les conviene, anti—imperialistas yankis cuando sus intereses entran en peligro, como se vio en la Guerra de Irak) de la invasión de Rusia a Georgia no es más que «un plan para cercar a la república de Rusia». Y su discurso no podía tener un lugar más apropiado: frente a las Fuerzas Armadas nicaragüenses, en su 29º aniversario (parte de la capa cortical de la sociedad política). Para Ortega, Rusia está en su derecho a oponerse a «las políticas hegemonistas» del Imperio realmente existente y del Eje Franco-Alemán.

Sin embargo las críticas no se han hecho esperar. El ex—canciller del país, Emilio Álvarez Montalbán declaró que el discurso de Ortega era una barbaridad que iba en contra de los intereses de Nicaragua, y que lo hacía «sólo para congraciarse con los rusos y porque siente nostalgia hacia todo lo que huele a izquierdismo». Nuestra respuesta, desde El Revolucionario, a Álvarez Montalbán es que una mentalidad como la suya, inmersa todavía en la dialéctica de Estados de la Guerra Fría del siglo XX (la, en realidad, Tercera Guerra Mundial) sí que es perjudicial no sólo para Nicaragua, sino para todo análisis serio del presente. Rusia no ha invadido Georgia por izquierdismo, sino por simple eutaxia de su Estado, para la conservación íntegra de sus planes y programas como Imperio Generador que trata de luchar contra varias entidades imperialistas que operan contra su nación: Estados Unidos, el Eje Franco—Alemán (la Unión Europea), China y, no menos importantes, los países islámicos, que quieren convertir a los rusos a su irracional y reaccionaria religión.

El Revolucionario se congratula de estas palabras de Ortega, sin obviar las críticas que puedan hacerse a determinados aspectos de su gestión política nacional y a nivel de alianzas con otros Estados.


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