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«Hasta el último u’wa va a defender con su vida esta tierra» , afirmó el líder indígena

Carta en protesta por la decisión del Gobierno colombiano de realizar exploraciones petroleras en territorio indígena

La viceministra del Interior, María Isabel Nieto, contundente: «Ningún colombiano se puede oponer a una decisión del Estado»

Domingo 31 de diciembre de 2006, por ER. Bogotá

La carta está firmada por 120 organizaciones colombianas y no colombianas y unas 30 personas. En ella se defiende el derecho de los U’wa sobre su «tierra ancestral»

Kubaruwa El gobierno de Uribe hizo el anuncio el 15 de diciembre de permitir la exploración petrolera en territorio u’wa. Según la empresa Ecopetrol, responsable del proyecto, las exploraciones se realizarán en los Bloques Siriría y Catleya, situados en los departamentos de Arauca, Santander, Norte de Santander y Bocayá, al noreste de Colombia.

Fue el Ministerio del Interior quien oficializó que había vía libre para realizar trabajos de sísmica dentro del territorio u’wa. La viceministra del Interior, María Isabel Nieto, aseguró que los u’was a través de Asou’wa (que agrupa a 17 pueblos de Bocayá y Norte de Santader) nunca quisieron dialogar sobre este asunto con el Gobierno. La viceministra fue, además, contundente al sentenciar: «Ningún colombiano se puede oponer a una decisión del Estado».

El presidente del Cabildo Mayor de la comunidad u’wa dijo que están esperando la autorización oficial del Gobierno a Ecopetrol para comenzar acciones. «Hasta el último u’wa va a defender con su vida esta tierra para que no nos invadan los blancos», añadió el líder indígena.

Pero es de resaltar la carta que mencionábamos en el titular por estar repleta de afirmaciones de la confusa ideología indigenista y que no pueden mantenerse en pie ante un riguroso análisis materialista. La carta fue enviada al presidente colombiano el pasado 22 de diciembre. Está escrita «en nombre de personas y organizaciones ambientalistas, indígenas, campesinas, derechos humanos y organizaciones sociales tanto nacionales e internacionales, porque nos encontramos totalmente sorpendidas ante el anuncio que hizo el gobierno colombiano el pasado 15 de diciembre de 2006 (..)». En ella se expresa la indignación por los argumentos que el Gobierno ha ofrecido para justificar su decisión al afirmar que «los U’wa no han aceptdo el proceso de Consulta Previa», pues así se desconocen e ignoran los argumentos que los U’wa entregaron al Gobierno Nacional y a los entes de control el pasado 12 de Octubre de 2006 en una reunión realizada en su resguardo, a través del documento titulado: «Fundamentos históricos, constitucionales, legales económicos, sociales, ambientales y culturales de la Asociación U’wa para objetar los argumentos del gobierno nacional frente al proyecto de exploración y explotación petrolera en territorio U’wa y solicitar su cancelación definitiva, NO A LA CONSULTA PREVIA».

Hemos podido acceder al documento que se menciona en la carta pero, dejando para otro artículo, si procede, un análisis de este amplio escrito, vamos aquí a limitarnos a criticar algunos de los puntos esenciales de la misiva. Se afirma en ella que «por más de una década los U’wa han dicho al mundo lo que significa para ellos, cultural y espiritualmente, el petróleo, y no han dejado de denunciar las implicaciones que tendría una explotación petrolera a su territorio y su cultura». Dejando de lado el presunto, inabarcable e indefinido receptor de los u’wa (el mundo) cabe denunciar, sobre todo, cómo tras el prestigio de los términos «cultura» y «espíritu» se están ocultando contenidos diversos, algunos de los cuales pueden no merecer el más minimo respeto.

¿Se debe renunciar a las ventajas que pueda reportar el petróleo para Colombia tras argumentos como el que afirma que «el petróleo es la sangre de la tierra y sin ella la tierra moririrá»? Si se nos acusa de etnocentrismo podemos responder que se está manejando una concepción megárica de las culturas a las que, además, se pone en pie de igualdad. Pero sí es racista la postura que quiere mantener a los indígenas puros e incontaminados del hombre y la cultura presuntamente blanca.

Se señalan también los informes de diferentes expertos e investigadores en conflictos sociales y ambientales. Pero los problemas sociales (que son de naturaleza moral) hay que distinguirlos, aunque muchas veces no quepa separarlos, de los ambientales (que sólo indirectamente son morales, pero pertenecen al ámbito estético). A no ser que se quiera considerar a los indígenas como animales que haya que conservar en reservas para que el resto de la «Humanidad» podamos disfrutar de ellos. Pero esto es lo que hicieron los tan denostados, por algunas organizaciones autodenominadas «izquierdistas», gringos con los indígenas en su conquista de América del Norte. Además, cabe señalar que tras los informes de los «expertos» aparecen, más que análisisis categoriales o científicos, ideologías nada científicas que responde a intereses contrapuestos e incluso incompatibles, como puede deducirse al echar un simple vistazo a la diferente procedencia de los firmantes: antropólogos (alemanes, españoles, italianos), investigadores norteamericanos, ambientalistas, secesionistas catalanes...

Finaliza la carta afirmando que se seguirá apoyando la lucha de los u’wa «hasta que el Gobierno Colombiano y las empresas petroleras Ecopetrol y Repso YPF entiendan que este territorio es sagrado y que las culturas con principios no tienen precio». ¿Sagrado? ¿Quieren apelar los firmantes a valores religiosos? ¿Creen acaso los firmantes en los dioses a los que ha rogado los u’wa fortaleza? ¿Qué culturas no tienen principios? ¿De qué principios se está hablando? ¿Son principios que merecen ser defendidos?

Lo que nosotros reivindicamos es la plena incorporación de los u’wa a la ciudadanía colombiana. Es cierto lo que ciertas voces han denunciado: no se puede reclamar la ciudadanía de los indígenas tan sólo cuando conviene al Gobierno al explotar las riquezas de las tierras donde habitan; también hay que reivindicarla para llevar agua potable, internet, alfabetización... Pero la contradicción señalada no debe resolverse afirmando que los indígenas son pueblos o naciones separadas, sino que debe seguirse la dirección contraria, la de defenderlos como ciudadanos colombianos con todos sus derechos como tales.


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