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Propaganda islámica filmada en Túnez

Otra película sobre las bondades del Islam

El director alaba al Islam como la religión de la mayor belleza y paz

Lunes 10 de marzo de 2008, por ER. Argel

Nacer Khemir, director tunecino, ha estrenado en varios países europeos Bab´Aziz (El sabio sufí), que mediante la mística y la contemplación de Alá pretende ofrecer una imagen amable de una religión islámica con ansias mundializadoras.

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Místico sufí
Desprecia su cuerpo

«Yo lo que cuento no es un viaje físico, es un viaje del alma», afirma Nacer Khemir sobre el argumento de su tercera película, Bab´Aziz (El sabio sufí). Afirma que «podemos encontrar los mismos anhelos en San Juan de la Cruz », intentando ocultar que el cristianismo no desprecia el cuerpo, al contrario de lo que hace el islamismo. De hecho, místicos cristianos como San Juan de la Cruz o Santa Teresa de Jesús no se quedaban extáticos ante Dios, sino que se dedicaban a fundar conventos y reformar instituciones como la Orden de los Carmelitas.

La película cuenta la historia de un anciano sufí y su nieta en su peregrinaje por el desierto de Túnez, con el objetivo de llegar a una reunión de sabios y permanecer en constante danza con sus compañeros derviches, ajenos a la realidad del mundo.

Nacer Khemir, nacido en Túnez en 1948 pero educado en Francia, en un ambiente europeo muy lejano de la yihad de grupos terroristas que hoy día asolan el Norte de África, parece sentirse cómodo en la ambigüedad de alabar el Islam pero renegar de su realidad fundamental: la guerra santa por mundializar la fe de Mahoma.

Herejía islamita

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Nacer Khemir
Propaga un Islam «amable»

Para Khemir, el Islam «es una cultura antes que nada, y han querido negar a esta gran civilización su naturaleza de civilización para reducirla a estúpidos dogmas y a una figura de terrorismo que nunca ha existido en la historia». Sin embargo, el director egipcio está condenándose ante Alá al negar el fenómeno de la yihad, inherente al Islam, y reduciendo el Corán, que promueve la guerra santa, a la categoría de «estúpidos dogmas». ¿Qué dirían el Ayatola Jomeini o Husein, nieto de Mahoma de escuchar a este peculiar infiel, alejado tanto de la chía como de la sunna?

Tampoco perdió la oportunidad de señalar que el terrorismo islámico es producto «de un poder totalitario en todos estos países que mantienen a sus pueblos en la ignorancia» y también, como es habitual, a Estados Unidos, a quienes acusa de actuar con «mala fe».

Nacer Khemir concluyó señalando que la mejor manera de encontrarnos a nosotros mismos es «ir alguna vez al desierto para estar solos», como si esa vida mística y despegada de realidades tan corporales y materiales como comer y beber para poder trabajar al nivel que exige la sociedad capitalista fuera algo compatible con nuestras sociedades modernas y no con una sociedad medieval como la que representa el Islam. Sociedad retrógrada en la que las películas de Khemir ni siquiera podrían realizarse, y menos aún visionarse.


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