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Francia y sus “señas de identidad”

Tras la formación de un “gabinete nacional”

Miércoles 27 de junio de 2007, por ER. Bruselas

Analizar la elección de los cargos del nuevo gobierno de Sarkozy tras las elecciones legislativas exige tomar partido por la defensa de la Idea de Nación política: neutralizar, que no eliminar, toda connotación relativa a las determinaciones genéricas del individuo (sexo, raza, parentesco...) refiriéndose, más bien, al cursus honorum que le ha llevado a estar ahí. Eso, o practicar con mala fe la reducción de aquellos ciudadanos de la nación francesa elegidos, suponemos, por una trayectoria meritoria, a elementos visibles de grupos “marginales” con los que se aparenta la “integración”.

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La Francia "tricolor": Bernard Kouchner, Rachida Dati y Yama Rade

No se trata de un reclamo metafísico, como si los ciudadanos franceses fuesen ángeles, pero tampoco de adoptar el prisma propio de la tribu etnológica, fingiendo que Francia acabara de ingresar en la civilización y no le hubieran rendido “tributos históricos” ni su Revolución, ni su sistema educativo, ni, por qué no decirlo, su imperialismo.

Porque efectivamente, Sarkozy, tras su anunciado triunfo en las pasadas elecciones legislativas que le dan la mayoría absoluta en la Asamblea Nacional, se ha referido a la necesidad de contar en su nuevo “gabinete nacional” con todas las “familias políticas”. “Políticas”, esto es, socialdemócratas, como, entre otros, Bernard Kouchner, en Asuntos Exteriores (que, por de pronto, ha sufrido la expulsión automática del Partido Socialista); liberales, como Christine Lagarde, en Economía; o, en todo caso, líderes de “movimientos sociales” hasta ahora monopolizados por el PS, como la feminista Fadela Amara, que al aceptar el cargo como secretaria de Estado para políticas urbanas, renuncia a la representación del grupo de bonito nombre “Ni putas ni sumisas”. Encomiable por su oposición al ultramachismo musulmán, y bien conocido por ella debido a su origen argelino, ha dicho alguna vez que "el velo es el sello de la humillación a las mujeres". De los comunistas y la “derecha negra” no hay mención; han sido barridos tras el proceso electoral francés.

La nueva secretaria de Estado para la defensa de los Derechos Humanos, Rama Yade, de origen senegalés, es señalada especialmente, por parte de los comentaristas dizque políticos, por su raza negra y su confesión musulmana. Pretenden estos “creadores de opinión” que tales distintivos son prueba de la apuesta por el “multiculturalismo” del nuevo gabinete. Estos informadores son en realidad administradores de una “papilla democrática” sólo apta para una opinión pública “desdentada”. Y si es el propio Sarkozy el que ha cocinado el mejunje, pronto lo sabremos. La nación francesa, sin embargo, tiene ya dentición adulta, es decir, puede tragar argumentos más sólidos. Al menos, Francia ha permitido a Rama Yade graduarse en Ciencias Políticas, ser administradora en el Senado y militar en las filas de la UMP, al parecer, brillantemente. Todo ello, suponemos, abandonando en ejercicio la religión recibida de sus mayores; pues de lo contrario, los Derechos Humanos que tiene que defender, o sea, los intereses mundiales de Francia allende los mares, se verían en serio peligro. Es decir, que la “nación política” alumbrada en 1789, pese a todo, funciona.

Pero la palma se la lleva la ministra de Justicia, Rachida Dati, de origen magrebí aunque educada en un colegio católico. Jurista de formación, y tras diversos avatares laborales dignos de “cenicienta”, se catapultó a la política junto al mismo Sarkozy con quien trabajó desde 2004 en el ministerio de Economía y entre el 2005 y 2006 en el de Interior, donde estuvo a cargo del proyecto de ley sobre la prevención de la delincuencia. La izquierda socialdemócrata la tanteó en sus comienzos, pero se siente más cercana al “discurso del mérito” que a la actitud socialista que cataloga de “caritativa”. Y lo más importante, haciendo nuestras sus palabras: rechaza que la definan como la representante de una minoría. Al tomar posesión de su cargo dijo: “Yo soy el símbolo de la nueva Francia".

Eso es. Porque Francia no es ni “multicultural” ni “multirreligiosa”, adjetivos absurdos para un país con historia. Le basta con ser una Nación política con un pasado imperial no muy glorioso, gracias al cual, sin embargo, los “negros” estudian y hablan francés.


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