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El Tribunal Internacional de Justicia de la Haya emite una sentencia histórica

Serbia es juzgada in articulo mortis

Por primera vez desde la II Guerra Mundial se celebra un juicio contra un Estado por delito de genocidio

Jueves 8 de marzo de 2007, por ER. Bruselas

El 26 de febrero de 2007 el Tribunal Internacional de Justicia, máximo órgano judicial de la ONU, declaró a Serbia inocente del delito de genocidio. El Revolucionario interpreta tal sentencia como una estrategia diplomática con la que encubrir el plan de negociación de la secesión de Kosovo. Precisamente la “Organización” presentará esta semana su revisión de la propuesta de “amplia autonomía” para la provincia, rechazada frontalmente por Serbia en conversaciones previas.

Inocente del delito de genocidio, aunque responsable de no impedir la matanza de Srebrenica; así es como califica el Tribunal de la Haya la actuación de Serbia tras resolver, catorce años después, el contencioso presentado por Bosnia ante el citado tribunal contra Serbia y Montenegro, (entonces todavía Yugoslavia), argumentando que ese país pretendía la "destrucción del Estado bosnio y la exterminación de sus gentes", según la denuncia inicial.

Tras conocerse el veredicto, el líder de los bosnios (“musulmanes bosnios”, especificaría la prensa “internacional”), Haris Silajdzic, se mostró decepcionado. De haber resultado exitosa la demanda de Bosnia, Serbia habría tenido que pagarle miles de millones de dólares en compensación.

En su lugar, a Serbia se le ha restituido el honor, mientras que a los denunciantes se les ha otorgado el valioso status de miembros de “nación étnico-religiosa sobre la que se ha ejercido un genocidio”.

Tan controvertido delito, nacido por cierto para definir lo que Churchill dijo que no tenía nombre, o sea, lo perpetrado por Alemania durante la II Guerra Mundial, según la definición de la ONU se caracteriza no tanto por el número de muertes individuales causadas, cuanto por la intención de exterminar a un grupo étnico o religioso. Por ello, la llamada matanza de Srebrenica ha sido calificada por este Tribunal como “genocidio”, ya que en ella, según fuentes de las que cabe dudar, unos 8000 bosnios de religión musulmana fueron asesinados. En la misma parece ser que no participó el Ejército yugoslavo, sino paramilitares rebeldes proserbios; por otro lado, se sabe que tropas holandesas de los “cascos azules” de la ONU estuvieron presentes en el lugar de los hechos sin poder impedir el suceso...¿por qué habría podido evitarlo el ejército yugoslavo, tal como determina la sentencia, y no el “europeo”?.

Pax germana

Pero si ya la independencia del poder judicial, a pesar de la monserga de los fundamentalistas democráticos, es imposible en el funcionamiento de un Estado, aún más utópica y engañosa resultará cuando la “justicia internacional” es un eufemismo de lo que las potencias vencedoras en una guerra estipulan que debe cumplir el vencido. Guerra, por cierto, que fue la primera en llamarse “humanitaria” por la propaganda de la OTAN.

En efecto, en el comienzo de la contienda, que tuvo lugar a lo largo de sucesivas etapas desde 1991, fue difícil descifrar quiénes eran sus actores: la lista de adjetivos compuestos como serbo-bosnios, albano-kosovares, serbo-croatas..., parecía mostrar una complejidad “cultural” que habría permanecido 45 años apresada por el yugo socialista.

Nada se decía, naturalmente, de la “colaboración” alemana en la explosión del polvorín.

Lo que no se podía contar, según Michel Collon, estudioso del tema, es que en 1979, el BND (la CIA alemana) enviaba a Zagreb un equipo de agentes secretos con la misión de apoyar a Franjo Tudjman, filonazi que propagó activamente el odio étnico y predicó la fragmentación de Yugoslavia. Para más señas, que al inicio de la cumbre de Maastricht, en 1991, el canciller alemán Kohl fue el único que quería fragmentar Yugoslavia y reconocer precipitadamente las "independencias" de Eslovenia y Croacia; cosa que se hizo despreciando la Constitución yugoslava, con la aceptación nada escrupulosa de Francia y Reino Unido.

Eslovenia, Croacia, Bosnia-Herzegovina, Serbia, Montenegro y Macedonia son, de momento, el resultado.

Pero si Yugoslavia ya no existe, puesto que en su lugar habitan mini-estados fáciles de “europeizar”, ¿a qué Estado se ha juzgado el pasado día 26 de febrero en el flamante Tribunal Internacional de Justicia?

La chapuza de las potencias democráticas no puede ser más escandalosa: Yugoslavia, declarada oficiosamente culpable de provocar una “limpieza étnica” en su propio territorio, fue ejecutada mediante desmembramiento, antes de ser juzgada. No puede ser una casualidad que su máximo responsable, Slobodan Milosevic, el apodado Carnicero de los Balcanes, haya muerto también “en extrañas circunstancias” en las dependencias de la Haya antes de que le llegara el juicio en el Tribunal Penal Internacional para la exYugoslavia.

¿Cómo no habría de eximirse del horrendo delito a Serbia, lo que queda de Yugoslavia? Hasta que la siguiente operación de la ONU sobre Serbia, que cabría calificar de autopsia, tenga lugar con la secesión de Kosovo, la ex-república federada de Yugoslavia es todavía la coartada para “Europa”, verdadero juez y parte en esta cruenta historia.


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