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«China busca la paridad militar con los Estados Unidos», según el jefe de la inteligencia imperial

La República Popular China constituye una amenaza

Tales declaraciones fueron respondidas por el Ministerio Chino de Asuntos Exteriores.

Viernes 2 de marzo de 2007, por ER. Shangai

John Bolton, Dick Cheney, Soichi Nakagawa,… y ahora Michael McConnell. Las voces de alarma sobre el creciente poderío militar de la República Popular China se han venido multiplicando durante los últimos días por parte del Imperio y sus aliados.

De hecho, ante el Comité del Senado güasintoniano para asuntos de defensa, el flamante director de la Inteligencia Nacional del Imperio realmente existente, Michael McConnell ha venido a manifestar con todas las letras algo que estaba «en la mente» de muchos: «El problema es que están construyendo, tal y como yo lo veo, su ejército para buscar algún tipo de paridad con los Estados Unidos.». A renglón seguido, y tras las preguntas formuladas al efecto por el Senador Carl Levin, el almirante McConnel, sustituto de John Negroponte al frente de los servicios imperiales de espionaje, subrayó: «lo que estoy intentando decir es que mejorarán sus capacidades con el tiempo». La conclusión estaba a estas alturas de la sesión prácticamente dibujada en el ejercicio, sin perjuicio de lo cual, Mc Connell decidió también pasarla a la representación: «son una amenaza hoy y se convertirán en una amenaza mayor con el paso del tiempo».

Además, y siguiendo el discurso de este almirante norteamericano, el «desafío» militar de la República Popular no se limita al espinoso asunto de Taiwán, toda vez que sus expeditivos ratios de modernización militar continuarían, al decir de McConnell, incluso en el supuesto de que tal contencioso respecto a la provincia secesionista de la China meridional se solucionase por completo.

Con todo, y acaso para matizar la contundencia de su jefe pero sin duda que haciendo buena la ambivalencia que caracteriza en el presente a las relaciones sino-norteamericanas , Thomas Fingar, Vice-director de inteligencia, podía aclarar horas después: «Los chinos parecen haber decidido que no somos un enemigo. Ellos requieren un entorno internacional pacífico para continuar con su modernización económica para tratar sus severos problemas sociales».

En todo caso, interesa constatar que las declaraciones de McConnell no son las únicas por parte de destacados funcionarios norteamericanos que habrían venido insistiendo en los últimos días en el carácter hostil, respecto del orden imperial, de la fortificación militar china. En este mismo sentido, y durante su reciente visita a Australia, el mismísimo vicepresidente de los Estados Unidos de América del Norte, alertaba sobre lo siguiente: «Los recientes tests espaciales chinos y su rápidos ratios del fortalecimiento militar son menos constructivos y no son consistentes con el objetivo declarado de una emergencia pacífica por parte de China.». También Soichi Nakagawa alto dirigente del partido gobernante en el Japón, especulaba recientemente acerca de la posibilidad de que, «si algo pasase a Taiwán en los próximos 15 años», el mismo archipiélago nipón pudiese verse convertido en una provincia china durante la primera mitad de este siglo.

Desde Pekín, el camarada Qin Gang, portavoz del Ministerio chino de asuntos exteriores, recusó en una rueda de prensa, tales preocupaciones de un plumazo al asegurar, frente a las declaraciones de Cheney y otros, que la República Popular «se adhiere al camino del desarrollo pacífico y es una importante fuerza en el mantenimiento de la paz y la estabilidad en el mundo y en la región.». Igualmente, según Qin, «Nuestra posición en torno al uso pacífico del espacio ha sido constante, como también lo ha sido nuestra oposición a la militarización del espacio exterior y a la carrera de armamentos en el espacio.» «Hemos hecho esfuerzos para promover la elaboración de un tratado de prohibición de armas en el espacio exterior y estamos deseosos de trabajar con los Estados Unidos para resolver apropiadamente nuestras diferencias con ellos.» añadió el funcionario chino.

En respuesta a las palabras de Nakagawa, Qin además de recordar que el de Taiwán es un problema interno chino, señaló que la República Popular China es un gran país soberano dotado de una larguísima línea de frontera tanto terrestre como marítima, por lo que resulta «irreprochable» el mantenimiento de una cierta fuerza militar. «La gente tiene que preguntarse por qué Japón repetidamente habla acerca de la “amenaza china” mientras permanece gastando enorme sumas de dinero en su armamento.», agregó Qin.


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