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Después del acuerdo «a seis bandas» alcanzado en Pekín

Se retoman los contactos bilaterales entre las dos Coreas.

El Presidente SurCoreano muestra su convicción de que sus vecinos no harán uso de su arsenal nuclear «a menos que sean atacados».

Jueves 1ro de marzo de 2007, por ER. Shangai

Tras el acuerdo a «seis bandas» alcanzado hace pocas semanas en Pekín en gracia a la mediación diplomática del «Imperio Central», pudieron los pasados días retomarse las conversaciones bilaterales entre representantes de las dos Coreas. Tales encuentros, según se espera, darán lugar a la recuperación del programa de ayudas económicas al depauperado régimen comunista por parte de su vecino, así como a la firma de una «paz» definitiva en la península

Y es que en efecto, hay que recordar que, tal y como se ha repetido últimamente por parte de diversos analistas, la guerra que se desarrolló en la península coreana en los primeros albores de la «guerra fría» entre los Estados Unidos de América del Norte y la Unión Soviética ( que entonces todavía contaba con la solidaridad de los comunistas chinos) no terminó con un tratado formal de paz entre los contendientes, sino más bien con un armisticio firmado en 1953, cuyo estatuto jurídico no ha cambiado sobre el papel en los más de cincuenta años que han transcurrido desde entonces.

Sea como sea, parece que los «compromisos» adquiridos el 13 de Febrero por la parte norcoreana en las maratonianas reuniones pekinesas de este mes, así como la circunstancia de que recientemente Pyonyang haya invitado a los delegados de la AIEA a visitar el país para comprobar de primera mano los avances en la «desnuclearización limitada» a la que «obliga» tal acuerdo ( acuerdo de que en todo caso, recordemos, Corea del Norte puede desentenderse- espinosianamente- en cualquier momento que le convenga), han contribuido lo suyo a aflojar las tiranteces conjuntivas ( diplomáticas ante todo, pero también militares) entre estos dos vecinos, reanudándose de este modo el martes pasado los encuentros bilaterales que habrían quedado definitivamente interrumpidos- junto con la ayuda económica y alimentaria que Corea del Sur venía presentando a sus empobrecidos vecinos desde el año 2000- por el contencioso nuclear. Muy en particular el evento que habría mandado al traste tales reuniones no es otro que el ensayo de un misil termonuclear llevado a cabo por Pyonyang a finales del pasado año.

Pues muy bien, el martes pasado, mientras el Viceministro norcoreano de asuntos exteriores Kim Kye Gwang iniciaba un viaje hacia los Estados Unidos con «parada técnica» en Pekín incluída ( no sabemos si para recibir instrucciones y coordinar estrategias), el Ministro de Unificación de Corea del Sur Lee Jae -joung , mantenía también un encuentro informal con su homólogo en Pyonyang , Kwon Ho Ung al término del cual comentaba a los periodistas congregados en su hotel: «Un buen acuerdo ha sido alcanzado, en base a los principios de la reciprocidad y el balance.». Posteriormente, el propio Kim podía asistir encantado a una cena de homenaje ofrecida por el primer ministro del país comunista asiático, Pak Pong Ju, en cuyo transcurso declaraba con bello metaforismo oriental ,el dignatario de Seúl lo siguiente: «la madeja de hilos que nos lo hizo pasar mal el año pasado está siendo desembarazada ya». Ante este dechado de lirismo, su contraparte norcoreana sólo insistió en la necesidad de que ambos países procuraran centrarse en los «intereses generales» de la península.

Mientras tanto, también desde Seúl llovían los parabienes respecto a los reanudados contactos bilaterales pues el Presidente de Corea del Sur, Roh Moo Jun afirmó en una conferencia de prensa celebrada el mismo día que, importaba mostrar a los coreanos del norte que «pueden obtener más beneficios abandonando las armas nucleares que manteniéndolas». Sin embargo, y como es bien sabido ( de hecho algunas figuras políticas norteamericanas como John Bolton o el propio Dick Cheney han hecho hincapié en ello, para descalificar el propio acuerdo como un «triunfo diplomático» del enemigo, sin duda que con razón) el pacto alcanzado en febrero, incluyendo desde luego enormes beneficios económicos y energéticos para Corea del Norte, no «fuerza» en cambio ( ni siquiera sobre el papel) a abandonar , y menos de un plumazo, todo su programa nuclear y ello entre otras cosas, dado precisamente que tal papel sólo hace referencia a algunas centrifugadoras muy determinadas). Con todo, el propio Presidente Sur Coreano también ponía de manifiesto su «convicción» de que sus vecinos no harían uso de tales armas de no mediar un ataque previo.


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