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Operativo en Puerto Vallarta

Detienen a vascos en México

Formaban presumiblemente parte de la banda racista vasca ETA.

Martes 18 de febrero de 2014, por ER. México

Ya han salido para España, informó el gobierno mexicano.

Se llaman Itziar Alberdi Uranga y Juan Jesús Narváez Goñi, y llevaban un aproximado de 22 años con paradero desconocido. Según la información hecha pública, entre los dos sumaban un total de 18 asesinatos, y es posible que formen parte de la banda terrorista-racista vasca ETA.

En un operativo conjunto, el Centro de Investigación y Seguridad Nacional mexicano (CISEN) y la policía española detuvieron en días pasados a estos dos individuos en Puerto Vallarta Jalisco, México, sin ser posible saber con precisión el día de la detención ni el lugar exacto donde se encontraban. La Secretaría de Gobernación mexicana ha señalado que los susodichos han sido ya repatriados para ser procesados por la jurisdicción nacional española.

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La banda separatista-racista vasca ETA

Como bien se sabe, el propósito de ETA es el de lograr la independencia del País Vasco, conformado por un aproximado de dos millones doscientos mil habitantes, cuatrocientos mil más, pongamos por caso, que la población de la delegación Iztapalapa de la ciudad de México. Iztapalapa tiene, en efecto, cerca de un millón ochocientos mil habitantes de habla hispana, y es una de las más densamente pobladas y complejas del total de 16 delegaciones que conforman el mapa político-municipal del Distrito Federal.

La Ciudad de México tiene, por su parte, 8 millones 850 mil habitantes más o menos, población que, como bien se sabe también, se incrementa a un aproximado que oscila alrededor de los 20 millones si se cuenta con el área conurbada y la población flotante que transita y/o trabaja en lo que es, en una perspectiva macro-demográfica, una de las ciudades más grandes del planeta y, por tanto, y en términos prácticos, la capital del mundo en español, plataforma constituida, a su vez, por un aproximado de 400 millones de personas cuya lengua materna es, en efecto, la lengua de Cervantes.

En California hay un aproximado de 13 millones 200 mil hispanohablantes; en Texas, 8 millones 600 mil mientras que, en Filipinas, la cifra llega a los 3 millones 180 mil; Caracas cuenta con un total de 8 millones 460 mil personas que hablan español y Brasil llega al millón quince mil más o menos.

Al contrastar las cifras poblacionales –del País Vasco, de Iztapalapa, de la Ciudad de México, de California, de Filipinas o, en definitiva, de la plataforma hispanoparlante en su conjunto-, es evidente para ER que el propósito separatista vasco es ridículo por decir lo menos, y su eventual independencia, de lograrse, no sería otra cosa que -recordando a Federico Engels- la constitución de un estado enano, llamado de inmediato a quedar subordinado a otras plataformas nacionales de mucha mayor envergadura y alcance económicos y político-militares (¿Inglaterra?, ¿Alemania?, ¿Francia?).

Porque lo cierto es que la participación de la región vasca –o, para estos efectos, de la catalana o la gallega, o si se quiere también la de Iztapalapa o la de la Ciudad de México- en la historia universal sólo puede entenderse más que incorporada dentro del cauce multisecular y geopolítico del imperio español, siendo el proceso de configuración dialéctica de las sociedades en América la fase más importante y dramática. Importancia y dramatismo que tiene como uno de sus resultados fundamentales el hecho de que haya, en efecto, casi más hispanohablantes en Iztapalapa que vascoparlantes en el país vasco (y si añadimos a la delegación Benito Juárez quedan ya de plano rebasados y por mucho).

En este sentido, podríamos muy bien decir que Iztapalapa o la ciudad de México o Cataluña son a España lo que Ukrania es a la Unión Soviética, pues ha sido a través de esta última como la primera encuentra su peso específico histórico universal, al margen de que haya sido el lugar que vio nacer a Lenin (y es que, precisamente, no fue por ser ukraniano por lo que Lenin influyó en la marcha del mundo en el siglo XX, sino por haber liderado la revolución que transformó la plataforma del imperio de los zares en la base del imperio soviético socialista).

El extrañamiento y repudio ante propósito tan estrafalario como el separatismo vasco (y lo mismo ocurre con el catalán, o el padano en Italia, o el separatismo indigenista en América), en definitiva, no puede ser mayor, porque ER encuentra buena parte de sus claves ideológico-políticas en la potencia que significa para la historia y el mundo en general la plataforma hispánica de la que ya hemos aquí dado cifras, y que hace posible que, gracias a internet, esta nota pueda ser leída y comprendida en su totalidad de California a Manila y de la delegación Benito Juárez a Valparaíso o Quito o Barcelona.

La defensa, por tanto, de la nación política española y, sobre todo, del español –y lo uno no se entiende sin lo otro- frente a los separatismos etnológicos y racistas, presas del mito oscurantista de la cultura que les impide darse cuenta de que representan la reacción de derecha (del Antiguo Régimen) que trató de frenar el avance jacobino durante la Revolución francesa –que arrasó con las naciones étnicas para constituir en su reflujo a la nación política francesa con pueblo soberano e igualdad ciudadana-, es también una de las divisas de racionalidad política constitutivas de este proyecto de periodismo crítico materialista que quiere ser El Revolucionario, dispuestas en una perspectiva similar a la que hizo que, en las Cortes de Cádiz de 1812, los diputados liberales americanos defendieran con vehemencia y claridad aquél gran y enigmático proyecto constituyente análisis de cuyo despliegue hizo decir a ese genio gigantesco del siglo XIX que fue Carlos Marx, en artículo para el New York Daily Tribune, que “España jamás ha adoptado la moderna moda francesa, tan en boga en 1848, de comenzar y llevar a cabo una revolución en tres días”.


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