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Patético epitafio para el 15M

No quiero ser español ni ciudadano

Manifiesta un madrileño desnudo ante la policía

Miércoles 16 de mayo de 2012, por El Revolucionario

En España se celebró el primer aniversario del llamado «movimiento 15M» los días 12 al 15 de mayo de 2012. «15M» son siglas de 15 de Mayo, día feriado en Madrid por su patrón, San Isidro Labrador.

Hace un año, días antes de la celebración en todo España de las elecciones municipales del 25 de Mayo de 2011, día también de elecciones regionales en la mayor parte de sus comunidades autónomas, los medios de comunicación socialdemócratas afines al gobierno socialista de Zapatero impulsaron la cristalización de una operación política de diseño denominada «movimiento 15M». Las autoridades socialistas colaboraron de manera activa y pasiva en ese proceso, por ejemplo al tolerar acampadas, encierros y manifestaciones politizadas incluso en la «jornada de reflexión» previa a la jornada electoral, a pesar de las prohibiciones expresas dictadas por la Junta Electoral Central, que entendía que con esos actos se violaban las leyes electorales españolas. El entonces Ministro del Interior del gobierno de España era Rubalcaba, también vicepresidente primero y portavoz del gobierno presidido por Zapatero, y su sucesor en la secretaría general del partido tras el derrumbe electoral del PSOE en las elecciones del 20 de noviembre de 2011.

La celebración de primer aniversario del 15M tenía un importante componente de protesta y desgaste ante el gobierno mayoritario del PP, en plena crisis económica que atraviesa España, arruinada tras siete años de zapaterismo, y ante las presiones de la Unión Europea, sobre todo de Alemania. Los medios opositores al PP revivieron en las semanas previas al olvidado movimiento 15M: el diario EL PAIS, la cadena de emisoras de radio SER, la televisión pública TVE (todavía controlada por gestores nombrados en la época de Zapatero) y, en menor medida, el diario PUBLICO, que dejó de imprimirse tras la derrota de Zapatero, pues ya no pudo contar con financiación, aunque se mantiene aún como página de internet residual. Otros medios, que víctimas del mito de la izquierda se pregonan «de derechas», como el diario LA GACETA o su televisora INTERECONOMIA, que hace un año colaboraron activamente en agrandar la presencia pública de aquella operación «de la izquierda» con su atención continuada a los indignados del 15M, que les insultaban y a los que denostaban, creyendo ganar así audiencia, prefirieron este año no colaborar con esta operación mediática socialdemócrata.

El gobierno del PP autorizó concentraciones y asambleas en la Puerta del Sol durante diez horas diarias, los cuatro días y tres noches previstas de conmemoraciones, advirtiendo que no permitiría el establecimiento de campamentos que ocupasen el espacio público de esa plaza, que representa el centro de España, el kilómetro cero de su red de carreteras y autopistas radiales. Con gran prudencia la policía y los eficiente servicios municipales de limpieza de Madrid no intervinieron hasta las últimas horas de la madrugada de los tres días 13, 14 y 15, para retirar los incipientes campamentos de pancartas, cartones y toldos, y dejar la Plaza limpia y reluciente al amanecer. A las 4:45, a las 5:55 y a las 4:15 respectivamente procedieron a disolver el grupo residual de 200, 100 y 50 personas que cada uno de esos tres días permanecían con voluntad de dar continuidad a la decadente protesta conmemorativa. Y aunque algunos de los «indignados» procuraron buscar el enfrentamiento con las «fuerzas represivas» y se negaron a cumplir las órdenes de desalojo, la policía no tuvo que propinar un solo golpe ni desenfundar sus porras, y el 15M nocturno quedó desactivado con unas pocas retenciones temporales de algunos «indignados» recalcitrantes, que podrían ser multados por desobediencia a las autoridades democráticas del Estado de derecho.

La primera noche fue retransmitida en directo por televisión a través del periódico EL PAIS. Sin embargo este medio reconoció al día siguiente el fracaso del movimiento en el que tantas esperanzas había puesto (sus titulares pasaron de «El 15M sigue vivo y con fuerza» a «El 15M se desinfla» y «Los indignados repiensan el 15M», «Menos indignados pero más vigilados»). Las dos noches siguientes, además de las retransmisiones en directo por internet desde teléfonos móviles de algunos indignados, fue la televisión pública RTVE (que aún no es controlada por el gobierno del PP) quien emitió por internet en directo todo lo que sucedía en la Puerta del Sol.

Estos días de horas y horas de inacabables asambleas en las que participaron unas docenas de indignados no han hecho más que poner de manifiesto la impotencia ideológica a escala política de este movimiento, su carácter asambleario desorganizado, la superficialidad e imprecisión de sus planteamientos, sus ególatras pretensiones de representar al pueblo, un voluntarismo infantil y simplista cuando no el mero delirio de muchos de sus oradores y adalides. Así, uno de los grupúsculos que más se hizo notar, autodenominado «zorras mutantes», pregonaba la abolición de la diferenciación por sexos de los ciudadanos, propugnando la abolición en los documentos oficiales de las casillas donde se debe señalar si se es Varón o Hembra, y en el límite del individualismo solipsista, convocaba todos los días a las «zorras solitarias o en comandos reducidos» que «podrán hacer microasambleas unipersonales», preparatorias de un «Encuentro de todas las Zorras disponibles y comienzo de las Microasambleas grupales» todas las noches, para terminar a las doce de la noche con «micro-orgias alienígenas en Sol y alrededores».

La madrugada del día 16 de mayo, mientras las eficientes brigadas de funcionarios municipales limpiaban como cada noche con chorros de agua la Puerta del Sol, el grupo residual de indignados se trasladó ante el edificio de la Bolsa de Valores de Madrid, en la Plaza de la Lealtad, al lado del Hotel Ritz Madrid, en pleno Paseo del Prado, para unos rezos nocturnos ante semejante templo del capitalismo. El clímax llegó cuando dos indignados se desnudaron ante los pacientes funcionarios de la policía, para demostrar el pacifismo adanista y primitivo desde el que pretenden redimir a la Humanidad. Uno de ellos proclamó la frase que puede convertirse en epitafio del 15M 2012: «No quiero ser español ni ciudadano.» Aunque, sin darse cuenta, el indignado que proclamó tan utópico deseo, lo hizo en lengua española, en cuyo seno se conformó como persona, y de la que sólo podrá desprenderse en todo caso, como de la nacionalidad y de la ciudadanía, mediante el suicidio.

Sin comentarios. Mantienen su plena validez política los análisis de hace un año que ya conocen los lectores de El Revolucionario:

Demócratas indignados y acampados

Demócratas indignados e inconsistentes


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