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Delirios religiosos de un presidente bolivariano canceroso

Chavez retorna de la Habana con Cristo, con él y en él

Conmovido por las misas que le organizó la Iglesia Católica en Cuba

Sábado 17 de marzo de 2012, por ER. Caracas


El viernes 16 de marzo de 2012, a las ocho de la tarde hora local de Caracas, aterrizó en Maiquetía el avión 0001 que trasladaba desde La Habana al presidente Hugo Chávez. Después de tres semanas en Cuba, donde le fue estirpado un nódulo canceroso, otro retorno zaratústrico, en el no eterno presidente bolivariano.

Siempre ha tenido presente Chávez a Dios, a la religión, a la Biblia, a la Virgen, a Jesús, a Jesucristo, a Cristo... pero en este nuevo retorno de Cuba, tras escuchar su potente intervención, cualquiera que no esté cegado por el fanatismo que todo lo disculpa deberá reconocer que se ha producido una conversión tremenda en el ánimo del peculiar adalid venezolano.

Mencionó expresamente el agradecimiento que tiene con el Cardenal de La Habana y con el Nuncio apostólico en Cuba, quienes celebraron una misa por su salud. El presidente canceroso no ha sabido mantener una mínima racionalidad en sus principios y ha sucumbido patéticamente a las supersticiones más vergonzosas, conmovido por las misas que le organizó la Iglesia Católica en Cuba.

Vale la pena leer y escuchar en vídeo la declaración de sumisión católica de Hugo Chávez Frías, un documento que los católicos del mundo se encargarán sin duda de reproducir y glosar por todas las naciones que mantienen ocupadas ideológicamente:

La oración conversión de Hugo Chávez

«Una vez más lo he sentido, tocando de nuevo tierra venezolana. Una nueva etapa de lo que he llamado, desde el año pasado, el eterno retorno, tomando a Zaratustra, el permanente retorno, el retorno, el círculo. Una nueva etapa. Y esta nueva etapa, este nuevo retorno, compatriotas, amado pueblo venezolano, soldados de la patria toda, niñas y niños de Venezuela, hombres y mujeres de esta tierra, trabajadores, trabajadoras, juventud heroica, estudiantes, campesinos, hermanos indígenas: Este nuevo retorno, en este caso, hoy, 16 de marzo, después de veintiún días de ausencia de territorio venezolano, ausencia física, porque siempre he estado aquí con ustedes, en el corazón, en la mente, en el alma, en todo mi ser, junto a ustedes: Este nuevo retorno, les digo, viene convertido en una oración, en un canto, en un compromiso. Un oración, una oración a Dios, una oración a Cristo, ¡Jesús, mi comandante!, una oración del alma, una oración de agradecimiento, una oración de fe, una oración de amor, una oración de esperanza, en esta batalla que nos ha correspondido dar. Una más, ¿quién dijo que este camino iba a ser fácil? Ya lo profetizaba el gran el gran guerrillero Gabaldón, largo y duro es este camino, pero este es el camino, el camino de la redención del pueblo, el camino de la redención de la Patria, el camino de la independencia nacional, el camino del desarrollo integral de Venezuela, del crecimiento nacional, el camino de la construcción de la Patria socialista, de la Patria democrática. Así que, en primer lugar, así lo digo desde mi corazón, sintiendo todavía ese galopar indómito de sentimientos patrios al retorno. Una oración elevo, una oración. Un oración que estoy seguro no es sólo mía, sino que es una oración colectiva, una oración que comparto con nuestro pueblo, de fe, de esperanza renovada en esta batalla por la vida, en esta batalla por la Patria, en esta batalla para continuar haciendo realidad precisamente el proyecto de Jesús, mi comandante. De Jesús de Nazaret, bienaventurados los pobres, porque de ellos será mi Reino. Bienaventurados los niños, bienaventuradas las niñas, bienaventurados los pueblos, porque de ellos será este Reino, el Reino de la Patria, el Reino de la Democracia socialista. Una oración que en estos últimos días, en estas semanas, me ha llegado nuevamente, con una fuerza indómita, con una fuerza celestial, con una fuerza que va más allá de lo humano, una fuerza que trasciende estas montañas, que trasciende estos mares, y llega a mi espíritu, a darme cada día más fuerza, más voluntad de vivir, más voluntad de luchar y más voluntad de vencer, de triunfar ante la adversidad y ante las dificultades, y en esto comparto con el pueblo de Venezuela un sentimiento, un código genético. Lo digo incluso, parafraseando al padre Simón Bolívar, cuando dijo: Soy el hombre de las dificultades. Nosotros, sus hijos, sus hijas, somos eso, los hombres de las dificultades, el Pueblo de las dificultades. Así que, aquí me tienen de nuevo, con esta oración, en primer lugar. Esta mañana estaba firmando unas cartas, allá en La Habana, y de entre ellas firmé una para Su Eminencia el Cardenal de La Habana, y otra para el Reverendísimo y Excelentísimo Nuncio Apostólico de Su Santidad el Papa, acreditado ante el Gobierno de Cuba. Lo hice en agradecimiento a una Santa Misa que ellos dos condujeron, hace varios días, junto al pueblo cubano, junto a los pueblos venezolano, cubano, compañeros, compañeras, pidiendo a Dios, a Jesús por mi salud, a la Virgen de la Caridad del Cobre, patrona cubana, a la Virgen de Coromoto, patrona venezolana. Y allí me despedía de estos dos eminentes hombres de nuestra Iglesia, con aquella frase, muy de la palabra sagrada: Con Cristo, con él y en él, viviremos y venceremos. Así lo dije y así lo digo hoy: Con Cristo, con él y en él, viviremos y venceremos, y haremos realidad el sueño de Jesús, el proyecto de Jesús mi comandante, aquí en la Tierra

Compárese el Chávez de tres semanas antes de su viaje salvífico a La Habana, cuando el estratega, antes de viajar a su sanación habanera, organizaba militarmente los Comandos Carabobo para enfrentar el próximo proceso electoral:

O incluso la despedida entrañable, cantando, con la que se despidió de sus conmilitones el jueves 23 de febrero de 2012, el dia agotador víspera de su viaje a La Habana para ser operado de nuevo del cáncer que oscurece su futuro:

Y, por supuesto, con su intervención similar, a los pies de la escalerilla del avión militar, justo antes de partir hacia la conversión, el viernes 24 de febrero de 2012:

Las elecciones venezolanas se trasladan por tanto a un terreno en el que siempre saldrán ganando los extravagantes intereses de la Iglesia católica: o bien un ultracatólico Capriles vinculado a las organizaciones más rancias de la Iglesia católica, o bien el neocatólico Chávez hábilmente pastoreado por los clérigos más aggiornatos. El Vaticano siempre gana. Roma semper vincit!


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