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Los desórdenes del Líbano no son puntuales, vienen determinados por su propia Constitución

El Líbano sumido en el caos por la huelga promovida por la oposición contra el ejecutivo de Siniora encabezada por Hezbolá

Tres muertos y más de cien heridos se producen en la jornada de este martes

Miércoles 24 de enero de 2007, por ER. Tel-Aviv

Al menos tres personas murieron hoy y 43 resultaron heridas, entre ellos dos guardaespaldas de un destacado político, en los enfrentamientos que se registraron durante la huelga general convocada por la oposición que encabeza Hezbolá y que degeneró en incidentes y choques callejeros, además de la quema de neumáticos

Lo que en principio estaba previsto que fuera una huelga «pacífica», según había anunciado Hassan Nasrallah, líder de Hezbolá, degeneró en los peores actos de violencia desde que el grupo terrorista islamista chií y sus aliados lanzaron su campaña en noviembre para derrocar al Gobierno del primer ministro libanés, Fuad Siniora.

Los partidarios de la oposición colocaron barricadas con neumáticos ardiendo en las principales calles y entradas de la capital, Beirut, así como en otras ciudades importantes del país para obligar a la huelga.

En algunas zonas del país, los partidarios del Gobierno se enfrentaron con los manifestantes de la oposición lanzándose piedras y en algunos casos intercambiando disparos. Según la Policía, tres personas murieron y más de 100 resultaron heridas de bala en los choques en las localidades del centro y el norte de Líbano, incluidos dos guardaespaldas de un importante político pro-gubernamental.

Según fuentes de los servicios de seguridad, un activista pro-gubernamental murió y otros 23 resultaron heridos de bala, al igual que otros 15 partidarios de la oposición. Según la Policía, en Trípoli (norte), la segunda mayor ciudad del país, el enfrentamiento entre las dos partes se saldó con otros dos muertos y seis heridos.

Mientras, la Policía y el Ejército desplegaron a miles de hombres en todo el país en un intentar reabrir las carreteras y levantar los bloqueos, llegando en algunos casos a cargar contra los manifestantes.

El ’numero dos’ de Hezbolá, el jeque Naim Kassem, señaló a la cadena Al Yazira que la oposición decidirá hoy si desconvoca la acción o sigue escalando la campaña contra el Gobierno. «Fue un mensaje claro y exitoso» al Gobierno y sus partidarios internacionales, afirmó Kassem, resumiendo la postura de la oposición.

Desde el Gobierno se describió los disturbios como un intento de golpe de Estado. «Es uno de los capítulos de un golpe», afirmó el ministro de Telecomunicaciones, Marwan Hamadeh. «Esto fracasará como en el pasado y el Gobierno legítimo prevalecerá firme», declaró a la cadena Al Arabiya.

Por su parte, el ministro de Juventud y Deportes, Ahmed Fatfat expresó su preocupación por que se produzcan más actos de violencia. «La oposición está intentando un golpe por la fuerza (...) esto no es una huelga, es una acción militar, una verdadera agresión y me temo que este golpe desembocará en enfrentamientos entre ciudadanos», señaló a Al Arabiya.

Por su parte, un ayudante de Siniora que pidió el anonimato dijo que el primer ministro continúa en Beirut, al contrario de lo que habían informado algunos medios que aseguraban que había partido hacia Francia. Y es que Siniora postergó sus planes de viajar a París, donde el jueves debe asistir a una conferencia internacional de ayuda para el Líbano. Una ayuda que la oposición califica de antinacional, porque tal «ayuda» incrementará la deuda externa del Líbano.

Primer ministro libanés, Fuad Siniora, musulmán suní Fuad Siniora, musulmán sunita, dijo que se mantendría firme. «Permaneceremos juntos en contra de la intimidación. Permaneceremos juntos en contra de la disputa», afirmó Siniora en un discurso televisado. «La huelga general de hoy (martes) se convirtió en acciones y acosos que sobrepasaron todos los límites y revivieron recuerdos de tiempos de guerra, disputas y hegemonía», agregó Siniora. El mandatario sugirió que el gobierno podría tomar medidas más duras. «El deber del Ejército y las fuerzas de seguridad no permite ninguna flexibilidad», destacó.

Inestabilidad permanente

En noviembre de 2006 cinco ministros chiíes, representantes de los grupos Amal y Hezbolá en el gobierno, presentaron su dimisión, rechazada por Siniora, tras el fracaso de la reunión de los principales líderes políticos libaneses sobre la formación de un gabinete de unidad nacional. Esos ministros protestaban, sobre todo, por la insistencia de la mayoría antisiria en el Gobierno libanés de pedir la creación de un tribunal internacional para tratar el caso del asesinato en febrero de 2005 del ex primer ministro libanés Rafic Hariri. A estos cinco dimisionarios se unió, una semana después, un sexto ministro, cristiano griego-ortodoxo en este caso, arguyendo, en solidaridad con los ministros chiíes contra el gobierno de Siniora, falta de representatividad en él del grupo chií, lo que lo hacía inconstitucional.

El 1 de diciembre, la oposición, liderada ya por Hezbolá, organizó una manifestación multitudinaria y mantiene desde entonces una sentada simbólica en el centro de Beirut, enfrente de distintos ministerios, para derrocar al Gobierno de Siniora.

Emile Lahud, cristiano maronita Así las cosas, el 8 de enero, en una carta enviada al Secretariado del Consejo de Ministros, el Presidente del Líbano, Emile Lahud, afirmó que el Gobierno de Siniora «ya no es la autoridad ejecutiva» del país, según un comunicado de su oficina de prensa, agregando que «las decisiones tomadas bajo la dirección del primer ministro, Fuad Siniora, son nulas y sin efecto». Según el presidente, desde el 11 de noviembre, en que se produjeron las dimisiones «el gabinete Siniora ya no existe, perdió su legitimidad constitucional y, por ende, ya no es la autoridad ejecutiva del país».

La República Libanesa se gobierna conforme a la Constitución de 1926, reformada con posterioridad y revisada en profundidad en 1990. Según tal Constitución, la Asamblea de Representantes (Majlis al-Nuwab) es el cuerpo legislativo y es elegida por periodos quinquenales por el pueblo libanés mediante sufragio universal pero según unas condiciones «multirreligiosas» que generan la problemática con la que ahora —y siempre— se enfrenta el Líbano. Así quien ocupe la Presidencia, según el Pacto Nacional de 1943 establecido con la independencia del país del mandato francés, ha de ser de confesión cristiana maronita (perteneciente a la Iglesia católica de Oriente), mientras que el primer ministro debe ser un musulmán suní, y el presidente del Parlamento, un musulmán chií. Los constantes desórdenes vienen producidos por esta situación, de cuya irracionalidad política, la determinada por tal «constitución», se deriva la constante inestabilidad del gobierno del Líbano.

Actualmente el gabinete del Gobierno, presidido por Siniora, es acusado por la oposición, sobre todo por la oposición chií, prosiria y proiraní, de «pro-occidental» siendo así que, por su inestabilidad interna, la relación de fuerzas en el interior del Líbano viene determinada por la influencia procedente del exterior. En una palabra, el Líbano no garantiza su propia soberanía como entidad política, constituyendo, más bien, un campo de pruebas en el que se enfrentan otras potencias de su entorno.


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