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Materialismo

El materialismo no puede considerarse como una doctrina unívoca

Lunes 20 de febrero de 2012, por Materialismo Filosófico


Doctrina filosófica que considera que la omnitudo rerum (la totalidad de las cosas) es la materia. A pesar de esta definición tan simple, el materialismo no puede considerarse como una doctrina unívoca, pues puede hablarse de un materialismo corporeísta, que reduzca al primero de los géneros de materialidad todos los entes (o al segundo o tercer género de materialidad, según otros tipos de formalismos). Asimismo, puede hablarse de un materialismo filosófico, de un materialismo dialéctico, que supone que existe una transición desde la Naturaleza al Espíritu, expresado ahora en términos positivos por medio del materialismo histórico; la doctrina que supone que los fenómenos de la Economía Política son la base y la causa de las realidades históricas y sociales, etcétera. La opción por alguna de las doctrinas materialistas ha de ser dialéctica, en el sentido de mostrarse más potente que sus alternativas.

Materialismo, en el sentido ontológico especial, o «materialismo cósmico», es la doctrina de los Tres Géneros de Materialidad (M1, M2, M3). La materia ontológico-especial< puede representarse del modo siguiente: Mi = M1,M2,M3. «Mundo» designa el conjunto de entidades físico-empíricas, corpóreas, que constituyen el Primer Género (M1). «Alma» designa el conjunto de fenómenos de la «vida interior» psicológica e histórica, es decir, el contenido del Segundo Género (M2). «Dios» se corresponde con el Tercer Género de Materialidad (M3). Dios es el depósito de las esencias eternas con respecto a las cuales el mundo y las almas están gobernadas según un orden invisible.

Materialismo, en Ontología general, es el resultado de una metodología crítica: la crítica a la tesis de la unicidad del ser. La Idea ontológico-general de Materia (M) la entiende Gustavo Bueno como la Idea de la pluralidad indeterminada, infinita, en la que «no todo está vinculado con todo» (negación de un orden o armonía universal). La característica esencial del concepto de Ser, o de Materia ontológico-general, estriba en su aspecto regresivo: la Materia ontológico-general no sólo designa las realidades mundanas, sino también las transmundanas, incluso las anteriores al tiempo, anteriores al sistema solar, anteriores a la constitución de los átomos. Bueno llama mundanistas a todas aquellas concepciones que afirmen que los géneros mundanos M1, M2, M3 están incluidos en la Idea de Materia, pero que, a su vez, la Idea de Materia no rebasa ese ámbito mundano, ontológico-especial, sino que se pliega a él. Llama materialismo, en sentido ontológico-general, a todo tipo de concepciones que partiendo de la inmersión de los materiales mundanos en la Materia ontológico-general, defienden la regresión real de la Idea de materia y, por tanto, la tesis de que la Materia ontológico-general no puede considerarse reducida a las materialidades cósmicas.

Cuando desde M se adscribe M1, M2, M3 al mundo, se abre la posibilidad de coordinar estos géneros a un «centro del mundo» (Ego trascendental, designado por E) desde el cual intentaremos «reconstruirlo científicamente». La constitución del sujeto en cuanto Ego trascendental puede ser considerada como el proceso recurrente de un paso al límite de las relaciones de identidad (terciogenéricas) al que tienden los sujetos operatorios (segundogenéricos, alineados en el eje pragmático: autologismos, dialogismos, normas) en tanto interactúan, a través de sus individuos o términos corpóreos (primogenéricos) en el proceso de constitución del Mundo. Los tres géneros de materialidad se coordinarán con los sectores del eje sintáctico y a través de los sectores del eje semántico del espacio gnoseológico: los términos (de los diversos campos de las ciencias), a través del sector fisicalista, se coordinarán con los contenidos primogenéricos; las operaciones (a través de los fenómenos) con los contenidos segundogenéricos; y las relaciones (a través de las esencias) con los contenidos terciogenéricos.

Cuando consideramos los tres géneros desde la perspectiva de los sujetos operatorios (que convergen en un punto E, que no es trascendental en virtud de ciertas funciones a priori de su entendimiento, sino en virtud del propio ejercicio, in medias res, de los sujetos operatorios) los contenidos terciogenéricos tenderán a ser puestos bajo el control de M2, por cuanto éste aparece en su génesis. Pero cuando los consideramos desde la perspectiva de M, estos «canales genéticos» pueden desvirtuarse, de suerte que M3 pasa a verse como una «refracción» de «algo de M» en cuanto a su estructura, independientemente de su génesis.


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