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Diccionario soviético de filosofía

Materialismo

Ediciones Pueblos Unidos, Montevideo, 1965

Domingo 19 de febrero de 2012, por Cuestiones Soviéticas


Del latín «materialis»: sustancial. Única corriente filosófica científica, opuesta al idealismo. El materialismo como certidumbre espontánea de todas las personas en la existencia objetiva del mundo exterior, se distingue del materialismo como concepción filosófica del mundo, concepción que representa la profundización y el desarrollo científicos del punto de vista del materialismo espontáneo.

El materialismo filosófico afirma el carácter primario de lo material y el carácter secundario de lo espiritual, de lo ideal, lo cual significa que el mundo es eterno, que no ha sido creado, que es infinito en el tiempo y en el espacio. El materialismo entiende que la conciencia es un producto de la materia y la concibe como un reflejo del mundo exterior, con lo cual afirma que la naturaleza es cognoscible.

En la historia de la filosofía, el materialismo, por regla general, ha sido la concepción del mundo de las clases y capas avanzadas de la sociedad, interesadas en que el mundo se reflejara acertadamente, en que se intensificara el dominio del hombre sobre la naturaleza. Generalizando los resultados de las ciencias, el materialismo facilitaba el progreso del saber, el perfeccionamiento de los métodos científicos, lo cual a su vez ejercía beneficiosa influencia sobre los resultados de la actividad práctica del hombre, sobre el desarrollo de las fuerzas productivas. En el proceso de la interacción que se establecía entre el materialismo y las ciencias especiales, se modificaba el aspecto del propio materialimo.

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La forma superior y más conseuente del materialismo es el materialismo dialéctico creado por Marx y Engels a mediados del siglo XIX.

Sus primeras doctrinas aparecen cuando nace la filosofía en las sociedades esclavistas de la India, China y Grecia antiguas, varios siglos antes de nuestra era, debido al progreso de los conocimientos científicos en astronomía, matemáticas y otras ciencias. El rasgo común del materialismo antiguo, en muchos aspectos todavía ingenuo (Lao-tse, Ian-chu, Van Chun, escuela charvaka, Heráclito, Anaxágoras, Empédocles, Demócrito, Epicuro y otros), estriba en reconocer la materialidad del mundo, su existencia independiente del espíritu humano. Sus representantes se esforzaban por encontrar en la diversidad de la naturaleza un primer principio común a todo lo existente y a todo lo que ocurre (Elemento). Fue un mérito del materialismo antiguo el haber ideado la hipótesis de la estructura atómica de la materia (Leucipo, Demócrito). Muchos materialistas de la Antigüedad eran dialécticos espontáneos. No obstante, algunos de ellos no establecían aún una delimitación precisa entre lo físico y lo psíquico, atribuían propiedades psíquicas a toda la naturaleza (Hilozoísmo). En el materialismo antiguo, el desarrollo de las tesis materialistas y dialécticas se combinaba aún con la influencia de la ideologia mitológica.

En la Edad Media y en el Renacimiento, las tendencias materialistas se presentaban en forma de nominalismo, de teorías panteístas (Panteísmo) y de otras que sostenían la «coeternidad de naturaleza y Dios». El ulterior desarrollo del materialismo aconteció durante los siglos XVII-XVIII en Europa (Bacon, Galileo, Hobbes, Gassendi, Spinoza, Locke). Este materialismo surgió sobre la base del capitalismo en gestación y del avance consiguiente de las fuerzas productivas, de la nueva técnica, de la ciencia.

Los materialistas, como ideólogos de la burguesía, progresiva en aquellos tiempos, combatieron a la escolástica medieval y a las autoridades eclesiásticas, tomaron la experiencia como maestro y la naturaleza como objeto de la filosofía. El materialismo de los siglos XVII-XVIII se halla vinculado a la mecánica y a la matemática, entonces en impetuoso crecimiento, y a ello se debe su carácter mecanicista. Otra de sus particularidades estriba en su tendencia al análisis, a la división de la naturaleza en esferas y objetos de investigación aislados, desligados entre sí, y en examinarlos sin tener en cuenta su desarrollo. Entre los representantes de la filosofía materialista del período indicado, ocupan un lugar especial los materialistas franceses del siglo XVIII (La Mettrie, Diderot, Helvecio y Holbach).

Sin salir, en líneas generales, de la concepción mecanicista del movimiento, lo consideraban -siguiendo a Toland- como propiedad universal e inseparable de la naturaleza. Se liberaron por completo de la inconsecuencia deísta inherente a la mayor parte de los materialistas del siglo XVII. La conexión orgánica que existe entre todo materialismo y el ateísmo se manifestó con singular relieve en los materialistas franceses del siglo XVIII. En el desarrollo de esta forma de materialismo el punto culminante -en Occidente-, corresponde al materialismo «antropológico» de Feuerbach. Al mismo tiempo, en Feuerbach se hace más patente el carácter contemplativo propio de todo el materialismo premarxista.

En Rusia y en otros países de la Europa Oriental, dan un nuevo paso en el desarrollo del materialismo los demócratas revolucionarios de la segunda mitad del siglo XIX con su filosofía (Belinski, Herzen, Chernishevski, Dobroliúbov, Márkovich, Botev, y otros); se basaban en la tradición de Lomonósov, Radíshchev y otros, y en varios aspectos se elevaron sobre el estrecho horizonte del antropologismo y del método metafísico.

La forma superior y más conseuente del materialismo es el materialismo dialéctico creado por Marx y Engels a mediados del siglo XIX. Con él no sólo se superan las insuficiencias del viejo materialismo recién indicadas, sino además, la coneepción idealista de la historia, propia de todos ellos. En la ulterior historia del materialismo, ya se distinguen nítidamente dos tendencias por principio diferentes: el desarrollo del materialismo dialéctico e histórico por una parte y distintas variedades simplistas y vulgarizadoras del materialismo por otra. Entre estas últimas la más típica ha sido el materialismo vulgar próximo al positivismo; hacia el positivismo se inclinaban también las variedades del materialismo vulgar que surgieron en la linde de los siglos XIX y XX como tergiversación del materialismo dialéctico (revisión mecanicista del marxismo y otras). En la segunda mitad del siglo XIX el materialismo en sus formas maduras resultó incompatible con los estrechos intereses de clase de la burguesía.

Los filósofos burgueses acusan al materialismo de amoral, de no comprender la naturaleza de la conciencia y lo identifican con las variedades primitivas del primero. Algunos de ellos, sin embargo, aunque rechazan el ateísmo militante y el optimismo cognoscitivo, se han visto obligados a admitir, con vistas al desarrollo de la producción y de la ciencia natural, ciertos elementos de la concepción materialista del mundo. Por otra parte no han sido pocos los científicos que, declarándose idealistas, desentendiéndose al modo positivista «de toda filosofía», en las investigaciones científicas especiales han mantenido de hecho posiciones materialistas (por ejemplo, el materialismo histórico-natural de Ernst Haeckel y de Ludwig Boltzmann).

En cuanto a los hombres de ciencia avanzados de nuestro tiempo, es característica la evolución en el sentido de pasar del materialismo científico-natural al materialismo consciente y, en última instancia, al materialismo dialéctico (Langevin, Joliot-Curle, Kotarbinski, Lanaguida, Lamont y otros).

Una de las particularidades que ofrece el desarrollo del materialismo dialéctico estriba en enriquecerse con nuevas ideas gracias a la crítica tanto de las formas actuales del idealismo como de los puntos débiles de las teorías formuladas por los naturalistas materialistas. El actual desarrollo de la ciencia requiere que los naturalistas se conviertan en partidarios conscientes del materialismo dialéctico. Por otra parte, el desarrollo de la práctica histórico-social y de la ciencia condiciona el ulterior progreso de la filosofia del materialismo.


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