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Ex izquierdistas ecuatorianos devuelven sable secuestrado hace treinta años

Alfaro murió hace un siglo, carajo!

Al cumplirse el centenario del final de Alfaro, los ya maduritos supervivientes del grupúsculo ecuatoriano AVC, todos bien colocados en buenos puestos de la administración, han decidido devolver los sables que robaron hace casi treinta años, y que aún mantenían en su poder.

Domingo 29 de enero de 2012, por ER. Caracas


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El ideólogo yanqui Alan Weaver Hazelton publicó en 1943 su Eloy Alfaro, apóstol del panamericanismo, en plena guerra mundial y ante la urgencia de reordenar el «patio trasero», y al año siguiente, en México, apareció La hoguera bárbara, vida de Eloy Alfaro, de Alfredo Pareja Diezcanseco, donde el celebrado novelista y diplomático ecuatoriano inventó la frase «Alfaro vive, carajo!», añadiendo una expresión comercial y malsonante al clásico «Alfaro vive», a secas, que hasta entonces recogían informes, periódicos, revistas y libros. Se non è vero, è ben trovato.

El 28 de enero de 1912 había sido ultimado José Eloy Alfaro Delgado en aquella «hoguera bárbara» que ejecutó una turba manipulada por los detractores del ilustre militar y político liberal, presidente de la República del Ecuador entre 1895-1901 y 1906-1911.

Agotado el guevarismo y el foquismo, agonizante el liberacionismo, cinco años después de que un papa polaco tuviera ya bien encarrilada la batalla final contra el ateísmo soviético, en fecha tan tardía como 1983, un grupúsculo de jóvenes burgueses afrancesados, más despistados que manipulados, inflamados de sociologismo pseudorevolucionario, autodefinidos como la «izquierda revolucionaria marxista leninista» y alentados más que nada por algunos clérigos católicos oportunistas, tardoteólogos liberadores y anticomunistas feroces, decidieron robar los históricos sables de Alfaro y de Pedro Montero del museo que los conservaba, para dar realce a la marca que estaban lanzando en una inútil y mimética escalada terrorista: «Alfaro Vive, Carajo!», AVC en siglas.

Tras aquella prueba de existencia, veinte cachorrillos de guerrillero ecuatoriano recibieron poco después entrenamiento militar en la Libia de Gaddafi, donde los servicios del capitalismo toleraban sabiamente aquellos excesos para mejor tener controlados y pastoreados los potenciales chispazos que podrían romper el armonioso equilibrio de la Guerra Fría.

Y vueltos a Ecuador, inflamados de activismo, juventud y estupidez, decidieron «recuperar» diez millones de dólares para que el M19 pudiera continuar con su formación revolucionaria. Secuestraron en 1985 a un infeliz banquero, que en absoluto representaba a la odiosa oligarquía plutócrata, pero que controlaba molestas deudas del entonces presidente ecuatoriano y, además, era homosexual: Nahim Isaías fue muerto por el grupo especial de la policía, entrenado por cierto por los GEO de la socialdemócrata España de Felipe González, que se suponía intentaba liberarle, y con él fueron neutralizados siete torpes carajo terroristas que le mantenían secuestrado.

Al cumplirse el centenario del final de Alfaro, los ya maduritos supervivientes del grupúsculo AVC, todos bien colocados en buenos puestos de la administración de Ecuador, han decidido devolver los sables que robaron hace casi treinta años, y que aún mantenían en su poder. Todavía añoran reconstruirse de alguna manera, aunque quizá sólo sea para poder seguir soportando el recuerdo lacerante de todos los muertos que ellos provocaron, sobre todo entre sus antiguos doctrinos, ejecutores ingenuos de los alucinados postulados teórico utópicos en los que estuvieron imbuidos. Ni siquiera el centenario les hará reconocer que Alfaro murió hace un siglo, carajo!


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