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¿Una fuerza al servicio de Marruecos?

En Europa dudan de Al Qaeda en el Magreb

Extraños vínculos de la antigua organización salafista con países de la zona

Jueves 14 de octubre de 2010, por ER. Argel

Diversos estudios de grupos de investigación en Europa ponen en duda la adscripción de Al Qaeda en el Magreb a la central que capitanea el saudí Osama Bin Laden. A los rumores habituales que vinculan a Mali o a Argelia con las acciones de los antiguos salafistas, se unen investigaciones de cierto calado que cuentan con testimonios de algunos líderes de lo que fue inicialmente el GIA, antes de que se escindiera en su facción salafista hoy convertida en Al Qaeda. En ellos se afirma que el gobierno de Marruecos está financiando a los terroristas magrebíes para favorecer su expansionismo por el Norte de África.

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Marruecos
En Europa la vinculan con Al Qaeda

Estos grupos de investigación apuntan, como tesis más sólida, a la conexión de Al Qaeda en el Magreb con Marruecos y Francia. Como es bien sabido, Al Qaeda en el Magreb, surgida en el 2006 tras el cambio del nombre del Grupo Salafista para la Predicación y el Combate (GSPC), es una escisión del denominado Grupo Islámico Armado (GIA), de origen argelino.

Según afirma Abdelhak Layada, uno de los líderes principales del GIA hasta el año 1994, la organización recibió ayuda del gobierno de Marruecos y se habría entrevistado con Dris Basri, Ministro del Interior marroquí hasta 1999 y auténtico hombre fuerte del monarca Hassan II. En dichas entrevistas, Basri le habría sugerido reclutar a miembros del Frente Polisario, que lucha por la independencia de Marruecos del Sahara Occidental, para que así el reino alauita dispusidera de una coartada con la que desacreditar la lucha del Polisario. De hecho, aún hoy Marruecos intenta probar que existen vínculos entre los saharauis y Al Qaeda, pese a que ambas organizaciones operan en zonas muy alejadas geográficamente unas de otras.

Layada también ha confesado que recibió apoyo de Francia, afirmando que ésta ayudó al GIA a dar un golpe de Estado abortado, que le suministró armas y que sus servicios secretos coordinaron un secuestro de los terroristas a un Airbus en 1994. Dris Basri asegura que Marruecos ayudó a refugiarse a terroristas argelinos en sus fronteras; Buteflika, presidente argelino, acusó públicamente a Marruecos de tal circunstancia en varias ocasiones.

Un detalle significativo parece avalar parcialmente esta versión: pese a que Al Qaeda en el Magreb se nutre de sujetos originarios de Marruecos, Argelia, Mauritania y Mali, su actividad se centra principalmente en Argelia y Mauritania, últimamente Mali. Vinculan el hecho de que nunca atenten en Marruecos y que, al igual que el reino alauita, señalan como objetivo a España, aliado de la OTAN y Estados Unidos para luchar contra el Islam. ¿Por qué no atacan a Marruecos, también aliado de la OTAN y los Estados Unidos?

Pese a todo, hasta ahora no se ha desmentido la relación que Al Qaeda en el Magreb se atribuye respecto a Bin Laden; las referencias al GIA, pese a ser el origen del grupo actual, no se corresponden necesariamente con las posiciones actuales de su escisión salafista. Y tampoco las reivindicaciones de Marruecos y AQMI son idénticas: el reino alauita reivindica habitualmente Céuta y Melilla, así como las Islas Canarias al país europeo; Al Qaeda pide constantemente recuperar España para el Islam bajo el nombre de Al Andalus.

Tesis conspiranoicas

En otros lugares, se hilvanan tesis cuyo delirio nos aleja de estos grupos de investigación europeos. Tal es el caso del periodista inglés Jeremy Keenan, quien partiendo de las tesis que relacionan a Al Qaeda con algunos países del Norte de África, añade de su cosecha que Estados Unidos es cómplice de los recientes secuestros del grupo, aportando inteligencia y cobertura política a las operaciones del servicio secreto argelino. El objetivo sería fabricar una amenaza terrorista en el corazón del Sahara para justificar la expansión militar en África y controlar el petróleo. Argelia ayudaría para disponer a su vez de coartada para conseguir moderno material militar que ponga fin a las actividades armadas de los islamistas argelinos.

Pero el delirio deja muchas incógnitas: ¿por qué Argelia apoyaría la creación de una amenaza terrorista en el Sahel para obtener armas modernas con las que combatir a un grupo que ya constituye una amenaza en el interior del país? Menos sentido tiene que el creador de ese grupo terrorista pueda ser el país que, sin duda, más lo combate: Argelia no sólo se niega a pagar rescates a Al Qaeda, sino que, al contrario de Mali o Mauritania, juzga y encarcela a sus líderes. Además, son las fuerzas de seguridad argelinas las que con diferencia más terroristas han abatido y más los han hostigado en su lugar natural, la Kabilia.

Sin embargo, Keenan deja de relieve entre sus seudoargumentaciones algunos datos ciertamente enigmáticos e interesantes. Entre ellos, que en el año 2003, cuando se produjeron los graves atentados de Casablanca en Marruecos, se vinculó a los líderes del GSPC con Bin Laden, mediante una grabación de vídeo que hoy se considera falsificada.


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