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Tras expresar Australia junto a Estados Unidos, Canadá y Japón su «preocupación» por los avances militares de la República Popular China

Autoridades australianas sostienen que China no representa una amenaza para el Imperio USA

La semana pasada China llevó a término con notable éxito un ensayo de derribo de satélite espía

Lunes 22 de enero de 2007, por ER. Shangai

El ministro australiano de exteriores, Alexander Downer, en el marco de una visita a los Estados Unidos de América del Norte ha descartado la posibilidad de que el crecimiento económico y el desarrollo militar de la República Popular China pueda considerarse como una «amenaza» respecto del orden norteamericano en la Asia oriental por los Estados Unidos y sus aliados en la zona (particularmente Australia, también Japón, Corea del Sur, Taiwán, &c.) , todo ello, no obstante la prueba de derribo de un satélite espía que las fuerzas armadas chinas llevaron a efecto con éxito la semana pasada moviendo a los propios USA a expresar «graves preocupaciones», compartidas al parecer con sus socios en la zona, en relación a semejante ensayo balístico. Pese a ello parece que Australia, en boca del ministro del ramo, prefiere obstinarse en confiar en el mantenimiento de la «paz perpetua» en su zona de influencia.

El jueves 18 de enero de 2007 se conocía un comunicado hecho público por el portavoz del Consejo de Seguridad Nacional de la Casa Blanca, Gordon Johndroe, en el que el Imperio realmente existente expresaba serias preocupaciones, al parecer compartidas en un alto grado por aliados centrales suyos como puedan serlo Australia y Canadá, en torno al ensayo de una nuevo sistema balístico de defensa «anti-satélite» efectuado con éxito el 11 de este mes por las Fuerzas Armadas Chinas. En un tal comunicado —al que se espera terminen uniéndose asimismo sociedades políticas como Gran Bretaña, Corea del Sur o Japón— la prueba realizada a mediados de enero por parte del Ejército de Liberación Nacional (en el que China derribó un satélite situado a más de 865 kilómetros sobre la tierra) quedaba interpretada por los Estados Unidos de América del Norte, por boca de Johndroe, como «inconsistente con el espíritu de cooperación al que ambos países aspiran en lo tocante a la explotación civil del espacio exterior», añadiendo además el portavoz de la Casa Blanca que los Estados Unidos, junto con otros países, habían «trasladado nuestras preocupaciones acerca de esta cuestión a los chinos».

Una tal «interpretación» resulta por lo menos en el ejercicio (puesto que en la representación no se halla tampoco exenta de la espesa nematología armonista de rigor), consideramos, la más ajustada a los hechos, a no ser que tales hechos se contemplen desde las coordenadas ideológicas propias de aquellos que aspiran al mantenimiento espontáneo, al cabo del «final de la historia» anunciado por Francis Fukuyama después del fracaso del comunismo soviético, de una suerte de Pax Perpetua en la Asia oriental bajo la égida de la democracia de mercado y del orden capitalista apuntalado, entre otras cosas, por las armas del Imperio realmente existente. Y en efecto tales ideólogos liberales, presos ellos mismos de una «falsa conciencia» muy tupida se han visto representados últimamente por Alexander Downer, ministro de exteriores australiano, en plena visita a los Estados Unidos, quien, sólo un día después del comunicado dado a conocer por la Casa Blanca (junto con Canadá y Australia), reculaba del modo siguiente: «Los Estados Unidos deberían mantenerse optimistas en lo relativo a China, trabajar en la mejora de sus lazos con Pekín y no exagerar los peligros representados por el ascenso del gigante asiático.» Al decir de Downer, tales peligros respecto al orden representado por los Estados Unidos y en los que la propia Australia se apoya en su calidad de democracia capitalista, no es que puedan siquiera ser «exagerados» es que no existen en modo alguno:

«Creo que siempre habrá dificultades en las relaciones con China pero no hay necesidad de exagerar los peligros supuestos por una China emergente. Una China emergente no necesariamente es una amenaza para América», sostuvo Downer en una entrevista durante su tour americano, manteniendo por lo demás que: «A medio plazo América debería ser optimista en lo concerniente a sus relaciones con China. Es potencialmente una buena relación y deberían trabajar en ello a pesar del menos que ideal sistema político chino.»

Pues bien, este corresponsal elude calificar tales declaraciones, así como entrar a valorar con detenimiento toda la «ingenuidad kantiana» que delatan las palabras del señor ministro de asuntos exteriores de Australia, una ideología armonista y, por ende, enteramente metafísica, muy característica en todo caso de las democracias de mercado pletórico del presente que han llegado a absorber enormes cantidades de doctrina basura acerca de la paz perpetua y de la armonía preestablecida.


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