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Tragedia aérea inédita

Polonia, de luto nacional

Muerta la cúpula dirigente del país

Miércoles 14 de abril de 2010, por ER. Bruselas

La celebración del septuagésimo aniversario de la conocida como «masacre de Katyn» había convocado a sus países protagonistas, Polonia y Rusia, en una situación histórica completamente novedosa. Tras la caída de la Unión Soviética y con el reconocimiento de la responsabilidad de la policía secreta de Stalin en la matanza de la élite militar polaca en 1940 —hecho oficial durante el gobierno de Gorbachov—, los hijos y nietos de aquella generación podían dar la mano a sus respectivos antiguos enemigos. Nadie podía temer que un accidente en tiempos de paz reviviera la eliminación de la cúpula dirigente de Polonia cerca del mismo escenario.

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El avión siniestrado
Con su accidente ha destruido a una clase política polaca muy consciente de lo que es Europa

El Revolucionario, sin dar pábulo a quienes, desde su furibundo anticomunismo, apuntan al espionaje ruso que vuelve a hacer de las suyas, tampoco cree que entre Polonia y Rusia la democracia homologada haya puesto la paz. Aprovechamos la tragedia del país eslavo para hacer un perfil del puesto de Polonia en la biocenosis europea.

Y es que tras el desgraciado accidente nadie quiere recordar los adjetivos con los que el fundamentalismo democrático europeísta ha venido definiendo al recientemente fallecido Jefe del Estado polaco Lech Kaczynski, y con él, al pueblo soberano polaco que lo votó. «Ultraconservador, homófobo y euroescéptico»: se hace necesario incorporar el denostado personaje a un sistema de categorías políticas definido.

Desde el materialismo político por el que abogamos desde El Revolucionario es preciso contar con los tres ejes que vertebran cada una de las capas (basal, conjuntiva y cortical) que conforman el cuerpo de una sociedad política que son, precisamente, las que se corresponden respectivamente con esta tríada representativa:

«Ultraconservador»: en efecto, la historia de Polonia podría contarse por cada una de las veces que sus fronteras han sido borradas del mapa por las potencias vecinas. No es de extrañar que el pacifismo aliciano pueda denominar «ultraconservadurismo» al celo por la defensa del territorio. Es lo que el materialismo político entiende como la base de toda sociedad política, la patria, la tierra de la que los antecesores se apropiaron y que hay que conservar con uñas y dientes, o sea, con las armas más potentes de las que se disponga.

«Homófobo»: La política de natalidad de un Estado que quiera ser fuerte no puede mantenerse al margen de las costumbres en materia sexual. Desde este periódico hemos tenido ocasión de relatar cómo se denigró la prohibición de la propaganda homosexual en las escuelas polacas, cuando para ER es una medida tan higiénica como necesaria en un país con una demografía de tradición emigrante.

«Euroescéptico»: Así llaman los europeístas a quienes tienen intereses contrapuestos a las naciones de mayor peso como puedan ser Francia o Alemania. Polonia no ha aceptado acatar su posición de subordinado. Léase el caso del veto polaco al acuerdo energético entre la UE y Rusia.

Y así, este país situado en el corazón de Europa, visto desde la Comunidad Hispánica, tiene mucho de país marginal en la biocenosis europea, no tanto por su papel secundario cuanto por su situación de peligro en los márgenes del Imperio. Un país católico, como España, que ostenta junto con ella, no por casualidad frente a Francia, la gloria de haber liderado la expulsión del Islam: el 12 de septiembre de 1683 en el Segundo Sitio de Viena.


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