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Dimite el teniente general Dan Halutz como jefe del Estado Mayor, mientras Olmert es acusado de corrupción

Crisis de gobierno en Israel

Hezbolá lo asume como una victoria, y Hamás anima a continuar en la yihad tras esta muestra de debilidad

Viernes 19 de enero de 2007, por ER. Tel-Aviv

El general Halutz, jefe del Estado mayor israelí, es el más alto responsable que deja sus funciones tras la guerra desencadenada por Israel contra Hezbolá en el Líbano entre el 12 de julio y el 14 de Agosto de 2006. La carta con la renuncia se la entregó al primer ministro, Ehud Olmert, y al ministro de Defensa, Amir Peretz. Ambos se encuentran en la picota para la opinión pública israelí, según las encuestas, mientras Hezbolá y Hamás lo celebran.

Dan Halutz, jefe del Estado de Israel recién dimitido En la misiva Halutz asumía la responsabilidad por el resultado de la ofensiva militar en el Líbano el pasado verano contra la organización terrorista Hezbolá. En su carta de dimisión, que entregó primero a Peretz, y que no sorprendió a Olmert, Halutz afirma que adoptó su decisión después de haber «agotado su responsabilidad», esto es, una vez que alrededor de cincuenta comisiones militares investigaron los fallos cometidos durante esa guerra de 34 días, la gran mayoría de ellos denunciados por los propios combatientes de la reserva.

Con todo, Halutz seguirá en funciones hasta que sea designado su sucesor, probablemente el domingo próximo, que es cuando tiene previsto hacerlo el ministro de Defensa, Amir Peretz. Según fuentes militares, los tres candidatos a sucederle son los generales Moshé Kaplinsky, actual sub-comandante de las FFAA; el jefe del Ejército de Tierra, Beny Gantz, y el director general del Ministerio de Defensa, Gaby Ashkenazi.

La renuncia se dió a conocer en la medianoche del martes y sorprendió a todo el espectro político, dado que en reiteradas ocasiones el militar manifestó que no dimitiría, a menos que así se lo indicara la Comisión Vinograd, que estudia e investiga los sucesos relacionados a la reciente guerra del Líbano. La radio militar también evocó la posibilidad de que la salida del general Halutz tenga un «efecto de dominó», provocando las renuncias de Olmert y Peretz.

De hecho, los partidos de oposición tanto de derecha como de izquierda estimaron el miércoles que Olmert debía dejar sus funciones y convocar elecciones anticipadas, sin esperar las conclusiones de la comisión Vinograd, que serán difundidas a comienzos de febrero. El Likud, principal partido de la oposición parlamentaria, que preside Benjamín Netanyahu, y los líderes que estuvieron al frente de las protestas públicas por los fallos en el enfrentamiento contra Hezbolá en el Líbano, también reaccionaron pidiendo la dimisión de Olmert tras la decisión de Halutz. Según Hanan Cristal, un comentarista político de la radio pública, incluso dirigentes del propio partido del primer ministro, Kadima, estiman que Olmert debería dimitir, permitiendo a Tzipi Livni, la actual ministra de Asuntos Exteriores, asumir el poder.

Halutz junto a Olmert Poco después de la guerra decenas de miles de personas, entre las cuales había reservistas que estuvieron en Líbano, se habían manifestado para exigir cuentas desde que finalizaron los combates. Su movimiento no perduró, pero todas las encuestas pusieron en evidencia un rechazo persistente hacia Olmert, Peretz y el general Halutz. Las críticas se refieren en particular a la falta de preparación de las unidades regulares y de los reservistas que participaron en la guerra, a la confusión y las frecuentes contraórdenes de la comandancia, así como a la incapacidad del ejército de impedir los disparos de cohetes contra el norte del Estado hebreo, contrariamente a las afirmaciones de los responsables militares y políticos al comenzar los combates. El ejército en definitiva, dicen sus críticos, no cumplió su objetivo, que consistía en destruir al aparato militar del Hezbolá y liberar a los dos militares israelíes, a partir de cuyo secuestro, a principios de julio por parte del Hezbolá, se desencadenó el conflicto.

A principios de año Halutz declaró que no pensaba dimitir, salvo que se lo pidieran sus superiores, aún reconociendo que muchos de los objetivos de la guerra no se habían alcanzado, en particular el de impedir que Hezbulá lanzara cohetes contra el norte de Israel, donde cayeron unos 4.000 durante la contienda.

En aquel momento, hace quince días, el jefe militar negó que uno de los principales objetivos de la guerra fuera liberar a los dos soldados israelíes, pese a reconocer que en efecto ese incidente fue el que desencadenó el conflicto. Los dos soldados siguen en manos de la guerrilla libanesa (recientemente en una entrevista, el ex-presidente del Líbano, Gemayel, manifestó que los soldados aún permanecían con vida). Además, también dijo que «durante la guerra hubo casos de oficiales que se negaron a cumplir las órdenes por objeciones morales y un militar de alto rango fue suspendido», pero ello, afirmó, «da cuenta de los valores básicos del Ejército». Asímismo también hace quince días, el ministro israelí de Defensa, Amir Peretz, cuya dimisión también se ha pedido por los errores de la guerra, había asegurado que en la contienda se logró causar daños muy importantes a las infraestructuras de Hezbulá.

Ahora, quice días después de aquellas declaraciones, Halutz renuncia al cargo antes incluso de que la comisión Vinograd haga pública sus conclusiones. Un portavoz oficial militar por su parte informó de que el alto mando había decidido dimitir ahora porque ya habían concluido decenas de investigaciones militares sobre varios aspectos de la guerra. Así Halutz prefirió finalmente no esperar, después de que insistentes rumores aseguraran que la Comisión Vinograd lo tenía señalado y que efectivamente habría de recomendar su destitución del cargo.

El jefe militar en su carta de renuncia da a entender que ni él ni los oficiales del Ejército obtuvieron de los dirigentes políticos el respaldo necesario. «Es natural que las personas no acudan a prestar servicio en un marco que no es valorado ni defendido por quienes los enviaron a prestar el servicio», dice y agrega: «Debemos asegurar que no llegaremos a una situación en la cual gente de calidad teman vincular su destino y su futuro con el Tzáhal. Si así fuere, no nos servirán ni el buen sistema educativo ni una fuerte economía y se correrá el peligro de que las amenazas contra el Estado de Israel se vuelvan más concretas».

En todo caso, fuentes cercanas al primer ministro y al ministro de Defensa aseguraron al rotativo israelí Jerusalem Post que tanto Olmert como Peretz están pendientes del resultado de la investigación de la Comisión Vinograd a finales de este mes, creyendo que les liberará de responsabilidades por el mal resultado de la guerra en Líbano: «Vinograd decidirá si hay o no un efecto dominó. En el Tribunal, establecido para tomar decisiones, es donde se determinará su destino», explicó una fuente próxima a Olmert. En todo caso, se espera que también sean interrogados por la comisión en los próximos dos meses.

Olmert, entre tanto, afrontará una investigación criminal por un supuesto delito de abuso de poder y cohecho en la privatización en el 2005 del Banco Leumí, uno de los tres más grandes del país, según lo ordenó ayer el fiscal general del Estado, Erán Shendar. «Se ha consolidado una base sólida de pruebas que justifican la apertura de una investigación judicial», comunicó Shendar al jefe del Departamento de Investigaciones de la Policía, Yohanán Danino. Las investigaciones se centrarán en las sospechas de que Olmert favoreció a un amigo, Frank Lowey, en la compra de un paquete decisivo de acciones del Banco Leumí cuando era ministro de Finanzas de Ariel Sharon. Olmert, que la semana pasada declaró «tener las manos totalmente limpias en este caso», está implicado en otros casos relativos, en particular, a transacciones inmobiliarias, pero hasta ahora no hay cargos en su contra.

En cualquier caso, la noticia de la marcha de Halutz ha sido especialmente bien acogida entre los enemigos declarados de Israel.

Desde Líbano, la milicia chií libanesa Hezbolá consideró que la decisión del máximo responsable militar israelí es una prueba más de que derrotaron a Israel en la guerra de este verano. La cadena de televisión de Hezbolá, Al Manar, interrumpió su retransmisión para informar de la renuncia de Halutz.

Desde la franja de Gaza, el diputado de Hamás Mushir al Masri dijo que la dimisión del jefe del Estado Mayor y la inminente investigación contra Olmert «demuestran que el Gobierno sionista es débil» lo que debería espolear a los palestinos «a seguir con la resistencia y la Yihad». Por su parte, un portavoz de los Comités de Resistencia Popular consideró que Halutz está siendo castigado «por la sangre derramada en Líbano», mientras que el portavoz del brazo militar de Hamás, Abu Obaidah, opinó que su renuncia se debe no sólo a la guerra de Líbano sino también a su incapacidad para acabar con la resistencia en Gaza: «Halutz no consiguió devolver a casa a Gilad Shalit (el soldado israelí secuestrado por milicianos palestinos) ni frenar los cohetes», señaló a la radio israelí, añadiendo que su renuncia «demuestra que una solución militar no es útil y que Israel ha fracasado».

Olmert y Peretz en rueda de prensa

Según una encuesta de la Smith Research, hecha pública por el Channel 10, el 69% de los israelíes quieren que Olmert abandone su puesto, frente al 26% desea que continúe. Mientras, el 85% se manifestó a favor de que Peretz dejara de ser ministro de Defensa, frente al 13% que dijo lo contrario


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