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El eje FARC-ETA-Chávez vuelve a salir a la luz

Protestan desde España por la vinculación de Hugo Chávez con ETA

Un juez español revela detalles escabrosos sobre una relación sobradamente conocida

Viernes 5 de marzo de 2010, por ER. Caracas

Desde que Colombia consiguiera ejecutar al líder de las FARC Raúl Reyes y disponer de acceso a los datos almacenados en su computadora, las relaciones entre el Presidente de Venezuela, Hugo Chávez, y el Presidente de Ecuador, Rafael Correa, con las FARC y también con la banda terrorista antiespañola ETA, se confirmaban fehacientemente. Ahora un juez español ha descubierto que tal relación incluía detalles que pueden ser considerados como un intento de agresión contra la nación vecina, Colombia: mediante los terroristas de ETA se pretendía no sólo atentar contra colombianos residentes en España, sino incluso asesinar a Álvaro Uribe, cuya hostilidad al proyecto bolivariano es declarada.

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ETA, Hugo Chávez y las FARC
Una relación cuyos flecos se van descubriendo de a poco

Las relaciones entre ETA y Chávez eran conocidas de hace tiempo, no sólo por medios extraoficiales sino a través de comunicados de organizaciones vinculadas al PSUV, tales como la Coordinadora Simón Bolivar, que pidió en varias ocasiones la libertad de los «presos políticos» del País Vasco, «un pequeño país ocupado hace 500 años por las armas y que aún hoy permanece bajo el dominio del Imperio Español» [sic].

Sin embargo, el juez español Eloy Velasco, tras analizar la información extraída de la computadora del difunto líder de las FARC, Raúl Reyes, ha desvelado que Arturo Cubillas era el líder de ETA en Venezuela y que tanto él como su esposa, Goizeder Odriozola, han ocupado cargos en el gobierno de Hugo Chávez. Asimismo, la información prueba que las FARC han adiestrado a ETA para el manejo de misiles tierra-aire y han colaborado en el desarrollo de un mortero en Cuba probado en Venezuela.

Todo este armamento pesado está destinado —y esto constituye sin duda un hecho de enorme gravedad— para que las FARC, ETA mediante, marcasen objetivos de ciudadanos colombianos en Madrid, la capital de España, e incluso para atentar contra el Presidente de Colombia, Álvaro Uribe. Ello puede calificarse sin ninguna duda de un ataque a la soberanía colombiana y un intento de desestabilización del país vecino, una guerra encubierta que de algún modo se ha manifestado ya en algunas ocasiones.

En la madre patria, las reacciones al conocerse esta noticia han sido de un grave escándalo. No obstante, el gobierno de España, aliado explícito de Chávez, ha procurado suavizarlas y en ningún momento ha emitido nota de protesta alguna. Su presidente, José Luis Rodríguez Zapatero, se ha limitado a solicitar explicaciones a Chávez, quien ha replicado con su habitual verborrea que no tiene por qué responder a las tibias palabras de su aliado, que ha calificado de «exabrupto muy grande».

La situación para el gobierno español es sumamente delicada en este aspecto, pues a su descrédito generalizado por los problemas económicos del país europeo, no quiere sumar la sombra de la banda terrorista ETA, con la que negoció un cese de su actividad terrorista a cambio de una amnistía generalizada contra sus criminales miembros, lo que provocó masivas protestas no hace mucho tiempo. Por lo tanto, difícilmente el gobierno de España intentará avanzar sobre esta revelación y procurará enterrarla en el olvido.

Chávez y las FARC, claramente a menos

Hugo Chávez, ya desde el momento en que se alzó al poder en Venezuela, apostó por apoyar a las FARC, incluso intentando darles una salida digna que convirtiera a la narcoguerrilla en un partido legal en Colombia. Pero no esperaba que al servil Pastrana le siguiera el implacable Álvaro Uribe, quien durante su mandado ha logrado hostigar tanto a las FARC, que a día de hoy se han debilitado considerablemente.

Chávez, harto de ver cómo sus intentos de influir en el país vecino son abordados por la firmeza de Uribe, denuncia la complicidad de Colombia con Estados Unidos. Pero cada nación es perfectamente soberana para velar por sus propios intereses y no dejarse influir por terceros más allá de su conveniencia —algo que por otro lado ha realizado Venezuela aliándose con la República Islámica de Irán, sin que el presidente se haya ruborizado lo más mínimo por ello—, mientras nadie pueda discutirle esa primacía. Y Chávez no parece, por el momento, llamado a seguir ese camino.


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