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Conquistará Europa mediante una invasión lenta pero segura

El Islam que no cesa

Sutiles métodos para conquistar el mundo fueron anunciados en su día

Miércoles 16 de diciembre de 2009, por ER. Argel

«Un día millones de hombres abandonarán el Hemisferio Sur para irrumpir en el Hemisferio Norte. Y no lo harán precisamente como amigos. Porque comparecerán para conquistarlo. Y lo conquistarán poblándolo con sus hijos. Será el vientre de nuestras mujeres el que nos dé la victoria» (Houari Boumedienne, discurso en la ONU, 1974).

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Houari Boumedienne
Hace 35 años anunció cómo el Islam conquistaría el mundo

Aquellas palabras pronunciadas hace 35 años por el entonces presidente de Argelia en la Asamblea de Naciones Unidas (presidida entonces ni más ni menos que por su ministro de asuntos exteriores, el hoy presidente argelino Abdel Aziz Buteflika) fueron un punto de inflexión en un elemento de la yihad más sutil pero no por ello menos importante: la presión migratoria sobre los cafres, hasta que el mundo quede saturado de musulmanes y sea así islamizado.

El patético y pánfilo Club de Roma daba por entonces recomendaciones de reducir la población mundial, pero no cayó en que esa población mundial no puede considerarse como un todo armónico. Los musulmanes necesitan aumentar la natalidad para que la yihad pueda extenderse.

El proyecto Boumedienne funciona al cien por cien a día de hoy, ayudado, claro está, por conocidas marcas yihadistas: Al Qaeda, Hamás, Hezbolá... Si la población musulmana de un país no supera ciertos límites, no será vista como amenaza. Pero cuando 5 de cada 100 o más sean musulmanes, se dedicarán a realizar proselitismo y a exigir alimentación halal (nada de cerdo, por ejemplo), lo que permitirá organizar una red económica y de empleo a través de cadenas de supermercados, tiendas de alimentación propias, &c. Finalmente, pedirán la aplicación de la sharia, con el objetivo último de implantarla en todo el mundo, ya sea mediante la yihad o la guerra intestina entre musulmanes, la fitna, como la que se vive en Líbano, Etiopía o Somalia.

Y después, la desolación cafre

Con el dominio musulmán, se impone la jizya, el impuesto sobre todos los infieles, y horribles matanzas contra quienes no sean musulmanes, como las de los turcos contra los armenios o las producidas por Indonesia en Timor Oriental. Casi un millón de cristianos han huido de Iraq en los últimos años por la persecución religiosa; en Etiopía el deporte nacional es asesinar a cristianos cada día. En Egipto no pueden poseerse biblias ni evangelizar.

Los musulmanes van a ganar su guerra ante la pasividad y tolerancia de los pánfilos cafres. Es un hecho, porque nadie les para los pies, salvando China y el actual orden internacional norteamericano. Si es por el Socialismo del Siglo XXI, quizás acabásemos todos mirando hacia la Meca.


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