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Sólo 26 años de condena

Josué Estébanez, criminal horrendo

Una sentencia con muchas interpretaciones

Miércoles 21 de octubre de 2009, por ER. Madrid

El crímen horrendo cometido por el nazi Josué Estébanez sólo puede resolverse de una manera lógica: o el suicidio o la aplicación de la pena capital o «eutanasia procesal». A nuestro jucio, la pena de muerte es la condena más justa para Josué Estébanez, entendiendo la justicia al estilo de los romanos: «dar a cada uno lo suyo»

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Josué Estébanez, a la derecha de la foto. Junto a él otro jóven neonazi español, Marcos Galán, que hace el saludo del juramento de las Schutzstaffel (SS) con su mano derecha
Josué Estébanez es un criminal horrendo racista, patriotero antiespañol e irracionalista. Su destino más justo no pueden ser 26 años de cárcel, sino la pena de muerte

La Audiencia Provincial de Madrid ha condenado al asesino de Carlos Palomino, Josué Estébanez, a sólo 26 años de cárcel. Josué Estébanez asesinó a Palomino en pleno vagón de metro, cuando al ver una concentración de varios sujetos miembros de grupos de izquierdas radicales y antifascistas llegaban al andén decidió preparse. Entonces Estébanez, militar profesional, sacó su navaja del bolsillo y esperó a que varios de los jóvenes del andén entrasen al vagón. Palomino fue el primero en dirigirle la palabra y plantarle cara, y fue él el primero (y único) en caer de una certera punzada en el corazón, que provocó su muerte.

Es la primera vez que se reconoce como agravante en un crimen de esta clase el «odio ideológico». Pero, ¿por qué no se aplican también estos agravantes en otros crímenes políticos realizados por otras formas de derecha política, como los asesinatos de ETA, terroristas que matan españoles por el mero hecho de ser españoles? Lo peligroso de la utilización jurídica del agravante de odio ideológico es cuando una justicia como la española está tan politizada como para utilizarla según le convenga y siempre usando sus propios intereses. La condena a Estébanez es muy leve, casi un regalo. Pero hay que insertarla en un contexto sociológico-histórico muy concreto: el del dominio político socialdemócrata en la España actual, dominio que también se da en la judicatura.

El abogado de la familia Palomino, Carlos Ibarrondo, pedía hasta 37 años de prisión, y afirmó que estaba moderadamente satisfecho por la sentencia, ya que lo que interesaba es que en la sentencia apareciera el agravante de odio ideológico. La sentencia total son 19 años de prisión por asesinato, y siete por homicidio en grado de tentativa a otro jóven amigo de Carlos que intentó quitarle la navaja.

En El Revolucionario, el diario global de la izquierda revolucionaria en lengua española, estimamos que la condena es muy leve, algo muy habitual con los criminales horrendos en España, una nación política con una de las legislaciones más permisivas para con el crímen. Estimamos lo siguiente:

a) Josué Estébanez es un criminal horrendo que asesinó a un adolescente de 16 años sin apenas inmutarse y de manera, si no premeditada, sí pensada, puesto que Carlos fue elegido por Estébanez «al azar», ya que cualquiera de los que entró en el vagón podía haber ocupado el lugar de Carlos.

b) Si Josué Estébanez fuese consciente del crímen horrendo que ha cometido, su sentimiento de culpa sería tal que no le quedaría más remedio que suicidarse.

c) No puede esgrimirse el argumento de la defensa propia, ya que aún estando acorralado por los antifascistas al entrar estos en el vagón, Estébanez tenía un arma preparada y había recibido una instrucción militar de primer órden que le permitía controlar la situación desde un primer momento. Estébanez se hizo dueño y señor del vagón prácticamente desde que entraron los antifascistas, y Carlos Palomino fue la víctima escogida para amedrantar a los demás (cosa que consiguió en parte). Era como si un lobo fuese acorralado por un montón de ratones, con perdón.

d) El hecho de ser militar profesional es, a nuestro jucio, el mayor agravante de todos. Pues esto muestra hasta qué punto está podrida la nación española, en la que nuestras Fuerzas Armadas están conformadas, dejando aparte algunos sujetos sinceramente patriotas, por patrioteros neonazis de derecha no alineada como Estébanez, inmigrantes y gente con el cociente intelectual casi mínimo. Es un hecho grave que el Ejército de la nación esté formado por mercenarios, algo que se encargó de realizar José María Aznar y que siguió el progresista Zapatero. El Poder Militar debería ser reformado por completo, volviendo al servicio militar obligatorio en forma de milicia popular, algo que igualaría a los españoles de ambos sexos en su juventud, les daría un deber patriótico y evitaría que las Fuerzas Armadas fueran el nicho donde se instruyen individuos neonazis y neofascistas. Resulta patético pensar que a los más jóvenes militantes de la secta neonazi Democracia Nacional les recomiendan entrar en la Reserva del Ejército para así recibir instrucción militar. ¿Cómo si no iban a saber perféctamente cómo matar a aquellos que tienen que defender en caso de guerra, incluídos los que no piensan como ellos?

e) El crímen horrendo de Estébanez sólo puede resolverse de una manera lógica: o el antedicho suicidio o la aplicación de la pena capital o «eutanasia procesal». A nuestro jucio, la pena de muerte es la condena más justa para Josué Estébanez, entendiendo la justicia al estilo de los romanos: «dar a cada uno lo suyo».

Nuestro apoyo a la madre, familia y amigos de Carlos Palomino. Aunque critiquemos, incluso muy vehementemente, las lagunas ideológicas y las contradicciones de estos grupos de izquierdas indefinidas, aquí hablamos de un acto que también va contra nosotros: las acciones criminales de unos grupos ideológicos que, aunque marginales, resultan deleznables por su racismo, su irracionalismo y su patrioterismo españolista antiespañol. Como herederos que son de unas ideologías derrotadas hace ya más de 60 años, su mejor destino es una nueva derrota día tras día.


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