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En rueda de prensa con el premier español

Hugo Chávez cierra las puertas a la expansión de su Revolución en Madrid

Y siempre por influencia de los penosos ideólogos progresistas españoles que le asesoran

Viernes 11 de septiembre de 2009, por ER. Caracas

O Chávez se libra de sus asesores españoles (Monedero, Liria, Verstrynge, Alba Rico), o la Revolución Bolivariana morirá en poco tiempo

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Chávez y Zapatero
Dicen llevarse bien, pero ambos son obstáculos a la necesaria unidad de la Hispanidad en el socialismo

Durante su visita de hoy a Madrid, capital del Reino de España, el presidente de la República Bolivariana de Venezuela, Hugo Chávez, ha afirmado varias cosas dignas de comentarse:

«Hace diez años el mundo estaba muerto y la esperanza también, hoy se ha levantado de nuevo como una etapa antes del mundo multipolar».

Debe ser muy ingenuo nuestro presidente, puesto que si estuviera formado en coordenadas materialistas sabría que es imposible un mundo multipolar debido a la dialéctica de Estados, y de manera particular, de Imperios Universales. De hecho, cuando el mundo ha estado más cerca de la multipolaridad es cuando se produjo la Primera Guerra Mundial.

Sobre España como puerta de Iberoamérica a Europa, Chávez cierra la posibilidad de expansión del socialismo del siglo XXI con estas declaraciones:

«Nosotros no necesitamos de esas puertas, no debemos seguir repitiendo clichés colonialistas. Andamos en condiciones de igualdad».

España no tuvo colonias hasta mediados del siglo XIX. Antes, el Imperio Español tuvo virreinatos y reales audiencias. Hablar de colonialismo (imperialismo depredador) antes del capitalismo resulta anacrónico, y España no fue una potencia capitalista, aunque sí imperialista y sí abrió el mundo al comercio internacional, como reconoció el propio Marx. Con su pensamiento tercermundista y nacionalista, influído por pensadores progresistas españoles que son los que verdaderamente hunden la Revolución Venezolana convirtiéndola en la Libia de Suramérica, Chávez se autofagocita, y sus ambiciones políticas se minimizan en los hechos. Una lástima y una desgracia para toda Iberoamérica.

También tuvo un mensaje para los jóvenes españoles:

«A Los que luchamos por la democracia verdadera nos llaman tiranos, y a los tiranos los llaman demócratas».

Chávez no distingue entre el fundamentalismo democrático (común tanto a él como a los demócratas europeos partitocráticos) y el funcionalismo democrático (todavía presente en Europa, pero no en los países cuyos regímenes en el continente están influídos por Chávez). Cierto es que desde la perspectiva europea se verá el populismo americano como una pseudodemocracia con déficits, algo muy alejado de la realidad. Pero también es cierto que el concepto democracia verdadera no deja de ser demagógico. Hay muchos tipos de democracia, opuestos entre sí e incompatibles. Y Chávez entendemos que lo sabe, pero obnubilado por sus asesores parece no verlo.

Aunque no cierra las puertas a España, sí marca distancias porque le conviene electoralmente:

«El Estado español es igual a los demás. Somos almas que nos necesitamos pero, eso sí, en condiciones de igualdad, no con partes superiores».

Convenimos en calificar estas palabras como demagógicas, puesto que Venezuela, con Chávez, pretende ser la parte superior desde la que organizar la unidad de Iberoamérica. Pero con su política antiespañola, tercermundista e ingenua (multipolarismo) no hará sino reducir cada vez más las posibilidades de esa necesaria unidad.

Cuando un proyecto político depende tanto de una única persona, el fracaso está asegurado.


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