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Hispanidad: enemiga del resto del mundo

Chávez acusa a Estados Unidos de fomentar el enfrentamiento entre Venezuela y Colombia

Martes 11 de agosto de 2009, por ER. Caracas

El presidente Hugo Chávez acusó hoy a los Estados Unidos de Norteamérica, el Imperio Realmente Existente, de sembrar cizaña entre Caracas y Bogotá, de frenar el proceso de integración entre ambas naciones y el resto del mundo de lengua española y portuguesa y de tensionar las relaciones entre naciones políticas hermanas

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Hispanidad
Ni nos quieren unidos, ni nos quieren con una identidad única y diferenciada del resto del mundo

Hugo Chávez es el único mandatario hispánico que sabe perfectamente que sólo la unidad de toda Iberoamérica puede ayudar a los pueblos hispanos a salir de su situación de postración ante terceros Estados (Estados Unidos, Eje Franco-Alemán, Estados islámicos, China), y sabe también que Venezuela sola, a pesar del petróleo, no puede articular una unidad tan necesaria ante un Imperio como el yanki presente 24/7 en el continente.

Las relaciones con Colombia, a pesar del regreso del embajador a Bogotá, están hoy día congeladas. El comandante afirmó que la tensión con Colombia, debido a la acusación de apoyo de Caracas a la guerrilla terrorista de las FARC —acusación desmentida por Chávez—, era innecesaria, pero a todo ello se unió la negocación de su par colombiano Álvaro Uribe con el Imperio para permitir el uso de siete bases militares en diversas regiones de la nación política colombiana.

«El gobierno de Uribe se presta para esta absurda acusación de que estamos facilitando armas a la guerrilla colombiana, lo cual es una falta de respeto y es un golpe muy duro para que los gobiernos puedan llevar relaciones normales, buenas. No hay confianza. El otro elemento es la decisión anunciada por el gobierno de Uribe de permitirle a Estados Unidos instalar siete bases. Aunque digan que no son bases, y que los soldados serán invisibles, para nosotros es una grandísima amenaza. Esto de las bases, además, agrava todo. Aparece en el horizonte el demonio de la guerra. Estados Unidos quiere evitar cualquier proceso unitario entre nosotros. Ni la misma Colombia controlará las rutas, los horarios, las misiones. La información va a ser secreta y van a grabar en territorio venezolano. Van a estudiar nuestras vulnerabilidades. Van a sembrar cizaña, y me van a acusar otra vez de que yo apoyo a la guerrilla. Todo se va a poner más tenso. Se está formando un cuadro severo de amenazas contra Venezuela desde Colombia con la participación del alto gobierno y de los militares», afirmó Chávez a la prensa colombiana.

Por otra parte, Chávez no ha dudado en dar su visión del verdadero papel de Barack Obama en la política exterior de Estados Unidos: «una cosa es Obama y otra cosa es el imperio».

Como ha afirmado hoy el analista político español Joan Valls, que aunque de ideología liberal ha dado en el clavo:

«La división del enemigo siempre se ha visto como un medio para derrotarlo. La victoria, ya sea moral o material, constituía el fin y, en consecuencia, el paradigma mismo. Pero este planteamiento de las relaciones humanas sólo tiene utilidad en objetivos relámpago y cortoplacistas. Para convencer al enemigo de su perenne inferioridad, el punto de partida debe ser la división como meta absoluta.

Cuando en 1890, el almirante estadounidense Alfred T. Mahan publicó The influence of sea power upon History, quizá ya imaginaba que su obra tendría una influencia decisiva en los políticos norteamericanos. Muy poco tiempo después, Theodore Roosevelt lanzaría una ofensiva para incluir a Panamá, Puerto Rico, Cuba, Filipinas y Hawai en la esfera de influencia norteamericana. Hasta entonces, Estados Unidos gozaba de cierto prestigio entre las élites hispanoamericanas, pero la forma en la que se promovió la independencia de Panamá y la consiguiente humillación a la clase política colombiana provocó un gran rechazo en el mundo hispano. Estados Unidos reafirmaba su espíritu talasocrático, que refrendaría tras el doble suicidio europeo de la primera mitad del siglo XX, pero también ganaba enemigos en su propio continente.

El contexto de la Guerra Fría ha servido para justificar procesos en la Región aparentemente ilógicos. Así, el alineamiento de un Fidel Castro con la URSS y su resistencia Astérix a Estados Unidos se han visto factibles, desde el discurso oficial, por una cesión de Estados Unidos a la URSS a cambio de desmantelar las lanzaderas de misiles en suelo cubano, una especie de pócima servida por el druida soviético que hacía de la isla una plaza inexpugnable. No obstante, el tiempo transcurrido nos permite analizar los hechos con más frialdad. Basta estudiar la forma en que se reprimió durante la Guerra Fría en el Cono Sur o en Centroamérica para asumir como algo totalmente absurdo que Estados Unidos permitiera el establecimiento de un régimen comunista frente a sus costas, a menos que sirviera a sus intereses geoestratégicos. El comunismo se reprimió a sangre y fuego en todo el continente, mientras que no se pudo derrotar a una ejército de desarrapados durante décadas, como nos mostraron en la escandalosa invasión de Cochinos.

[...]

A lo mejor ha llegado el momento de analizar el problema desde el paradigma del divide y dividirás. Porque la mejor manera de controlar una civilización como la hispanoamericana no es aplastándola, como se hizo innecesariamente, por ejemplo, con el Gobierno de Arbenz en Guatemala, sino dividiéndola en binomios irreconciliables.

[...]

Todavía se lee con frecuencia en la prensa española que las guerras de Irak y Afganistán han hecho descuidar el tradicional patio trasero estadounidense. Desde la gran simpatía natural que uno siente por Estados Unidos, cabe decir aquí que la polarización de Hispanomérica ya está asegurada otra década más, lo que permitirá a nuestros aliados useños seguir expandiendo sus operaciones en Asia con cierta comodidad.»


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