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¿Qué une a Lula con cualquiera de sus antecesores en el poder?

Crisis política en Brasil

Difícil juego entre pragmatismo, corrupción y legalidad o de cómo mantener la eutaxia para que Brasil siga consolidándose como potencia.

Jueves 6 de agosto de 2009, por ER. Brasilia

Qué une en la actualidad al mandatario de Brasil, Lula da Silva, con los ex presidentes José Sarney (1985-1990) y Fernando Collor de Mello (1990-1992), figuras que ideológica y políticamente no guardan ninguna relación La respuesta de ello puede encontrarse en dos palabras: pragmatismo político.

En la actualidad, la suerte de cada uno de ellos es infinitamente dispar. En su séptimo y anteúltimo año de gobierno y con una popularidad positiva, Lula da Silva está sumamente molesto por la comisión del Senado que investigará a Petrobras, la gigante petrolera brasileña acusada de irregularidades. Para sortear las acusaciones que impactan a su gestión, el mandatario brasileño necesita de la ayuda del partido de José Sarney (PMDB) y de Fernando Collor de Mello. La alianza con Collor. En el caso de Petrobras, Collor de Mello es uno de los 11 integrantes de la selectísima Comisión Parlamentaria de Investigación conformada en el Senado para investigar a la petrolera brasileña por licitaciones y contrataciones irregulares, así como también el desvío de fondos en el patrocinio a ONG`s y partidos políticos para actividades que nunca se materializaron.

A Collor de Mello el destino le deparó otra suerte. Lejos de las denuncias que caracterizaron a su fugaz presidencia, el actual senador por el estado de Alagoas ocupa hoy un lugar privilegiado en la política brasileña: no sólo está lejos de los escándalos políticos sino que además el presidente Lula se encuentra necesitado de su apoyo. Abrazados y con las manos en alto saludando a una multitud absorta, ambos dirigentes demostraron que dejaron muy atrás aquéllos fatídicos meses de campaña de 1989 en los que Collor había prometido que Brasil se tornaría en un "baño de sangre" en caso de que Lula llegara al poder.

La alianza con Sarney. La otra investigación que está sacudiendo al Congreso brasileño, en torno al actual presidente del Senado, José Sarney (PMDB- cabe recordar que en Brasil es un cargo electivo), pero en su caso se debe a las denuncias de corrupción que viene recibiendo en las últimas semanas y que amenazan con alejarlo del cargo que asumió a comienzos de año, lo que se materializó en la reciente conformación del Consejo de Ética, el único órgano que puede decidir la destitución del ex presidente. Asediado por la opinión pública y los medios de comunicación, la única forma de mantenerse en el cargo es con el peso de la popularidad de Lula y su incondicional apoyo. Sarney es el caudillo del Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB), una fuerza de centroderecha que tiene la primera minoría en el Congreso y es la que posee más peso en la coalición que respalda al Gobierno de Lula.

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ex-presidentes
Cardoso, Mello, Sarney y Lula

Las órdenes de Lula hacia las filas de su partido (PT) brillaron por su simpleza: defender a Sarney a toda costa. Sus sorpresivas declaraciones sumieron a los propios legisladores del partido gobernante en una profunda contradicción, ya que éstos inicialmente eran partidarios del lema "Fuera Sarney", hoy acogido por quienes quieren al presidente del Senado fuera de su cargo. Lejos de encontrar sus fundamentos en lo ideológico, la motivación de Lula obedece a una buena dosis de pragmatismo político, algo en lo que el ex metalúrgico es entendido. Actualmente, el partido de Sarney, el PMDB, no sólo constituye la mayor fuerza parlamentaria en ambas cámaras del Congreso brasileño, sino que su apoyo también es decisivo para las presidenciales del 2010, tanto el gobierno como la oposición saben que sin el decisivo apoyo del PMDB, el PT no tendrá ninguna probabilidad de gobernar por un tercer período consecutivo. El presidente Lula considera la situación grave, pero cree que el mejor camino es investigar con rigor, aclarar responsabilidades y proponer cambios estructurales en el Senado, sin que Sarney deje el cargo, Lula no está de acuerdo con una separación temporal de Sarney de la presidencia del Senado como quieren incluso algunos senadores del propio PT, pues si eso sucede, cree que se generará una crisis política seria, en un escenario de inestabilidad.

El presidente del Senado, José Sarney determinó la suspensión inmediata de cualquier remuneración, indemnización o ayuda a los 80 cargos nombrados “bajo secreto” durante la gestión del ex director Agaciel Maia. Estos cargos responderán, durante el proceso administrativo abierto, de su situación y si está fuese irregular serán destituidos. Toda vez se haya demostrado el fraude en el nombramiento se exigirá por parte de la Abogacía General del Senado el resarcimiento de los sueldos cobrados por los cargos así como la suspensión inmediata del sueldo, entre otros ya se ha bloqueado el sueldo a Henrique Dias Bernardes Henrri ex pareja de la nieta del Presidente del Senado Sarney y nombrado por su hijo Fernando Sarney. Lula está convencido de que las denuncias contra Sarney forman parte de una "maniobra" de la oposición para hacerse con la presidencia del Senado, que es clave para decidir la pauta de votaciones y puede obstaculizar proyectos del Gobierno.

Por su parte Sarney busca un acuerdo con la oposición (que tantos recuerdos nos trae a la memoria a los españoles de aquellas sesiones a puerta cerrada en el Parlamento, tratando sobre los fondos reservados, y el supuesto acuerdo alcanzado entre PP y PSOE para no seguir aireando los “Arcana Imperii” del Estado español). En principio cualquier armisticio está bloqueado ante la posibilidad de rédito electoral de la oposición (no es tan fácil el acuerdo sin un bipartidismo de facto) pero Sarney amenaza que si cae será matando y el ex Presidente y actual Presidente del Senado debe tener bastante munición. Habrá que ver si el proyecto de Lula sigue adelante, su prudencia política y su tactismo le sirvieron hasta ahora, pero los retos que afronta Brasil son enormes como enormes son también sus horizontes políticos, por ello Lula ha de contar todas las fuerzas de su país y tendrá que demostrar la firmeza interna (eutaxia) del país para consolidar su fortaleza externa y seguir creciendo como potencia.


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