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Realpolitik posibilista
Roma avanza en su camino para entablar relaciones diplomáticas con la República Popular
Miércoles 1ro de abril de 2009, por ER. Yenán
El primer síntoma de que el Vaticano iniciaba los pasos para acercarse a China apareció en la web oficial del Vaticano: el idioma chino era ya un idioma «católico» presentándose multitud de contenidos religiosos en esta lengua, certificando así Roma la potencia lingüística del gigante asiático.
La comisión que Benedicto XVI inició en mayo del 2007 para tratar el problema de las relaciones con la República Popular está avanzando en sus conclusiones, y todo apunta a que, relativamente pronto, el obispo de Roma acabará plegándose sutilmente ante el poderío del Partido Comunista guía del Pueblo chino. Recordemos que en China existen dos Iglesias Católicas, una la oficial, patriótica, que sigue la doctrina moral y teológica del Papa pero jurando fidelidad a la República Popular y negándose a condenarla; y otra la llamada Iglesia Católica «no-oficial», comunidad que en rigor no es más que un conciliábulo de antipatriotas chinos que reconocen la secesión de la provincia rebelde de Taiwán, siguen al Papa en asuntos políticos y reniegan completamente del comunismo. En vistas a que la Curia quiere ganarse al sector oficial, la Iglesia podría reconocer la legitimidad canónica de la Iglesia no-oficial y así poder entablar conversaciones diplomáticas con las autoridades comunistas.
Mientras en Roma se estudia el acercamiento y las condiciones concretas en las que debe darse, la legalidad revolucionaria no descansa y ha sido detenido monseñor Jia Zhiguo, obispo no oficial de Zhengding acusado de traición.
Todo apunta a que la solución final será utilizar una fórmula fenecida tras el Vaticano II. Igual que antaño ciertos gobiernos de países católicos tenían el privilegio de sancionar o proponer una lista de obispables a Roma –v.gr. España- así el Vaticano podría conceder a las autoridades comunistas el privilegio de dar su visto bueno.
La República Popular ha llevado más allá la doctrina de Lenin, saliéndose del tradicional dialéctica entre clericalismo o anticlericalismo. El límite lo pone la defensa de la Patria. Y aquí la coherencia de Pekín es total: lo mismo encarcela a obispos católicos antipatriotas como destruye mezquitas secesionistas o extermina sin piedad a sectas dañinas.