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Ante el triunfo del Sí a la enmienda constitucional de Venezuela

Tercer ciclo de la revolución bolivariana

El riesgo inminente es la no existencia de cuadros políticos intermedios que puedan dirigir el proceso político nacional

Martes 17 de febrero de 2009, por ER. Maracaibo


El pasado domingo 15 de febrero, en horas de la noche, el Consejo Nacional Electoral hizo públicos los resultados del referéndum sobre la enmienda de cinco artículos de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela de 1999. Tales resultados fueron ampliamente favorables para el gobierno nacional, promotor de la reforma. Con los datos disponibles hasta el momento, la respuesta afirmativa fue de 54, 36%, mientras que la negativa alcanzó el 45, 63 %. Los artículos constitucionales que serán modificados abren la posibilidad de reelegir indefinidamente y por períodos sucesivos a todos los cargos de elección popular, incluido el de la presidencia de la República.

Más interesante –por más fundamental- que los datos estadísticos electorales es lo que ellos puedan indicar, con sus limitaciones, sobre el estado actual de la correlación de fuerzas políticas en Venezuela.

Tales enmiendas constituían, para los opositores al gobierno (aquella facción social que Gramsci llamaba “derecha histórica”, y que, desde hace al menos veinte años, deambula políticamente extraviada, sin proyecto histórico nacional y sin articulaciones orgánicas con las masas), desde sus coordenadas democrático-liberales, una amenaza para la pervivencia de los derechos políticos y civiles de la sociedad (es decir, la repetida canción de la alternancia partidista y sus consecuencias); para los nacionalistas bolivarianos, desde una posición de alguna manera también democrática-liberal (pero tendencialmente orientada a su desbordamiento), por el contrario, la reforma suponía una ampliación de los derechos políticos del pueblo venezolano (el “soberano”).

Ahora bien, más allá de la euforia –en parte justificada- que los resultados electorales están produciendo en el bloque bolivariano, es preciso señalar la razón política que subyace a la reforma constitucional que en este momento ha sido aprobada. En efecto, ¿por qué fue necesaria esta reforma constitucional?

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Revolución Bolivariana de Venezuela
La dependencia del proceso político en la relación no mediada entre el Jefe, el Ejército y el Pueblo es uno de los nudos problemáticos inmanentes a su razón política.

Lo cierto es que, en buena medida, la “revolución bolivariana” acusa desde sus propios orígenes históricos de una considerable fragilidad organizativa –como esta corresponsalía de El Revolucionario tuvo ocasión de señalar a propósito de la situación del sindicalismo venezolano- y, tan fundamental como esto, adolece de una imprecisa definición de las coordenadas ideológicas que la orientan. El Partido Socialista Unido de Venezuela presenta importantes carencias en ambos niveles, y nada indica –al menos por el momento- que se esté constituyendo en la instancia organizativa central de las bases de apoyo bolivarianas. En verdad, no existen cuadros políticos intermedios que puedan dirigir a nivel nacional el proceso político. En cuanto al bolivarianismo como ideología –y, más recientemente, al llamado “socialismo del siglo XXI”-, si bien ha permitido establecer una dirección nacional-popular en cuanto a la dialéctica de clases dentro del Estado y una dirección imperialista (parcialmente iberoamericanista) en cuanto a la dialéctica de Estados, en verdad no constituye más que un nombre para aquello que se ignora. En este sentido, la dictadura popular bolivariana, tras diez años de ejercicio (al menos formal) del poder político del Estado, sigue dependiendo de manera crucial de una vinculación –no mediada organizativa e ideológicamente- entre el Jefe, el Ejército y el Pueblo. De allí la necesidad de una reforma constitucional que permitiera la prolongación electoral de la conducción política actual.

Desde el llamado “balcón del pueblo”, en el Palacio de Gobierno, Hugo Chávez Frías, presidente de la República, indicó hace unas horas, ante la multitud allí reunida para celebrar el triunfo, que consideraba abierto el “tercer ciclo histórico” de la “revolución bolivariana” (2009-2019), y, lo que acaso es más relevante, que tal período estaría definido como el período del socialismo. Pero la pregunta que inevitablemente permanece es: ¿Bajo qué programa económico-político e ideológico será, efectivamente, conducida esta potencia social acumulada? ¿Será realmente este “tercer ciclo histórico” el ciclo de la transición hacia un socialismo políticamente definido y con voluntad de perpetuarse, o será, por el contrario, una nueva fase en la característica indefinición organizativa e ideológica del proceso bolivariano?


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