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Venció el Sí

Evo Morales gana su referendum

La Constitución indigenista fue aprobada

Lunes 26 de enero de 2009, por ER. Cochabamba

Desde ayer domingo, la República de Bolivia tiene nueva Constitución

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Evo Morales y David Choquehuanca
Con sus seguidores, celebrando la victoria, la cual sin embargo no garantizará la necesaria eutaxia en Bolivia, hoy inexistente

De unos casi 4 millones de bolivianos con derecho a voto, el 60% ha dado su voto afirmativo a la Constitución indigenista de Evo y Garía Llinera, que ahondará en el proyecto político (sea éste el que sea) del Movimiento Al Socialismo. El No de la oposición neofeudalista, fascista y proestadounidense alcanzó el 40%, pero en los departamentos secesionistas de Santa Cruz, Pando, Beni y Tarija, triunfó el voto afirmativo. El Sí ganó en Oruro, Potosí, La Paz y aquí, en Cochabamba, desde donde les escribo.

Sin embargo, algunos analistas han destacado que Evo no alcanzó el 67% de votos pro-Evo que se alcanzó en el referendo revocatorio de agosto del año pasado, cuando Morales alcanzó el máximo punto de su popularidad política. Lo cual indica, según algunos, que con éste referendum constitucional, a pesar de la victoria, esté comenzando la caída del régimen indigenista, un régimen apoyado desde terceros Estados (Venezuela, Irán) y que, sin pretenderlo, está llevando a Bolivia a su autodestrucción y balcanización. No ha sido un descenso pequeño, sino que hasta un 7% de votos cambiaron su voto hacia el No ayer domingo frente a la Constitución del MAS de Morales. De hecho, incluso en departamentos en los que ha ganado el Sí, el MAS ha sufrido un retroceso en sufragios de apoyo a su proyecto para Bolivia. Sólo El Alto ha sido fiel a Evo y al vicepresidente, el socialdemócrata Llinera.

En Plaza Murillo, frente al Palacio Quemado, los simpatizantes del presidente festejaron el triunfo de la Constitución. Las regiones de la Media Luna también lo celebraron, a pesar de su derrota, ya que afirman haber recobrado fuerzas en su cruzada contra el proyecto indigenista. Los líderes secesionistas y neofeudalistas llaman al diálogo, sabiendo de su inferioridad (decreciente) para establecer con el MAS una visión conjunta de lo que, según ellos, debe ser Bolivia.

Por su parte, García Llinera ha dicho sobre la oposición de Santa Cruz que, si allí triunfaba el No, ello no supondría un cambio en el curso de los acontecmientos, dejando claro que los bolivianos:

«[...] acataremos lo que el pueblo decida a nivel nacional, porque la convocatoria del Congreso es a nivel nacional y no de un barrio ni de comparsa.»

Para Evo, este referendum era clave para decidir el destino del país más pobre de Suramérica. Los secesionistas calificaron la Constitución de «totalitaria», «indigenista», «racista» e incluso «atea» (confundiendo, quizás a la enorme impronta católica de los dirigentes sediciosos, el culto a la Pachamama con el ateísmo). No han ahorrado tampoco críticas de irregularidades en algunas mesas electorales, algo que Evo ha negado categóricamente, calificando las acusaciones de «agonía de los derrotados».

Bolivia ha sido una de las naciones políticas hispánicas con más reformas constitucionales, lo que es síntoma de sus dificultades para asegurar su propia eutaxia. La anterior data de 1967, modificada parcialmente en 1994 y, más tarde, en 2004. La aprobada ayer es la primera sometida a voto directo, y aprobada por 4 millones de bolivianos. Para Evo, el Sí es un nuevo exámen a su gestión como Presidente de la Nación.

Sin embargo, desde El Revolucionario, el diario global de la izquierda revolucionaria en lengua española, la Constitución rezuma izquierdismo indefinido, relativismo cultural y Leyenda Negra antiespañola en todos y cada uno de sus artículos. Para muestra, el preámbulo:

«En tiempos inmemoriales se erigieron montañas, se desplazaron ríos, se formaron lagos. Nuestra amazonia, nuestro chaco, nuestro altiplano y nuestros llanos y valles se cubrieron de verdores y flores. Poblamos esta sagrada Madre Tierra con rostros diferentes, y comprendimos desde entonces la pluralidad vigente de todas las cosas y nuestra diversidad como seres y culturas. Así conformamos nuestros pueblos, y jamás comprendimos el racismo hasta que lo sufrimos desde los funestos tiempos de la colonia.»

Jamás Bolivia fue colonia de España, sino parte del Virreinato del Río de la Plata, origen de naciones políticas como Argentina, Paraguay, Uruguay y, cómo no, nuestra Bolivia. El pensar así demuestra una ignorancia y una mala fe que sólo es comprensible desde un supuesto izquierdismo más cercano a la derecha extravagante no alineada propia de los nacionalismos étnicos secesionistas, que también comparten los opositores a Evo. Bolivia es el tablero de juego de dos fuerzas reaccionarias sin un tercero racionalista, materialista y universalista que pueda dar un golpe sobre la mesa y mirar a toda la Hispanidad sin complejos indigenistas o procapitalistas.

En otro orden de cosas, la Constitución garantiza el control estatal de la mayor parte de los sectores productivos (¿derecha socialista?). El acceso al agua, el gas domiciliario, la electricidad y las telecomunicaciones será universal. Habrá límites a la propiedad rural, siendo a partir de ahora sólo de 5.000 hectáreas (hasta ayer domingo eran 10.000 el límite máximo). Se habilitan las autonomías regionales (con acuerdo con la oposición), pero superpuestas con las de los llamados «pueblos originarios». El contenido de la Constitución no es sólo criticado desde la oposición de la llamada metafísicamente «Nación Camba».

De hecho, un nombre histórico de la izquierda comunista iberoamericana ha votado No en el referendum de ayer. Loyola Guzmán, miembro en 1967 de la guerrilla boliviana de Ernesto Che Guevara (última de su vida), pidió el voto en contra del proyecto del MAS por considerarla lo más contrario a un «verdadero pacto social», plagado de «demagogia» por reconocer «derechos que luego no se podrán ejercer». De hecho, peligra, debido a la crisis mundial, el control de los hidrocarburos bolivianos.

No creemos en nuestro diario global revolucionario hispánico que ésta Constitución acabe con la progresiva degradación política boliviana, ni creemos que la solucion esté en ninguno de los principales bandos enfrentados, en el fondo, partidarios de lo mismo: el fin de la igualdad de todos los bolivianos ante la Ley.


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