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ARENA contra FMLN

Elecciones en El Salvador

Los primeros buscan aferrarse al poder, los segundos gobernar y quitar a los primeros

Martes 18 de noviembre de 2008, por ER. San Salvador

El oficialismo salvadoreño inició este fin de semana la campaña electoral de las elecciones presidenciales. El Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional hizo lo propio. Ambos partidos son los únicos que pueden ganar estas elecciones

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Mauricio Funes, ex corresponsal de la CNN en El Salvador, candidato del FMLN a la presidencia del país
Banderas rojas con letras blancas, al más puro estilo socialdemócrata

La coalición Alianza Republicana Nacionalista (ARENA), de ideología liberal, es el partido gobernante actualmente en El Salvador. En 2004 su candidato, Elías Antonio Saca González, ganó las elecciones sobre el candidato del FMLN (Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional), de ideología socialdemócrata, con un 58% del sufragio favorable para Saca. Desde entonces, la situación del país —caracterizada por un agravamiento de las situaciones de pobreza (llegando a establecer un caritativo subsidio para las familias más desfavorecidas, algo poco liberal por otra parte), un aumento de la delincuencia y la violencia de las maras y la represión de la oposición callejera llegando incluso al tiroteo con ella (famoso es el incidente de 5 de julio de 2006 en el campus de la Universidad de El Salvador, en el que murieron dos agentes de la Policía Nacional Civil y un empleado de la Universidad resultó herido de gravedad por francotiradores de la Policía; el Gobierno y ARENA acusaron al FMLN del disparo al empleado universitario)— apenas ha variado con respecto a la legislatura anterior de Francisco Guillermo Flores Pérez, también de ARENA. Además, Saca González ha continuado la tradicional falta de relaciones entre El Salvador y Cuba —desde 1959, año de la Revolución Cubana, ambas naciones políticas hispanoamericanas no mantienen ningún tipo de relación diplomática—, y ha roto relaciones con Venezuela desde que Hugo Chávez Frías se hizo con la presidencia de ese Estado suramericano. La oposición de ARENA a cualquier tipo de gobierno iberoamericano revolucionario resulta un obstáculo al entendimiento entre naciones hermanas y resulta un lastre para poder, eventualmente, extrechar lazos comerciales que puedan servir de base para futuras uniones económicas y políticas en la Hispanidad.

Por todo ello, en las elecciones próximas el Frente Farabundo Martí pretende gobernar, aunque no sabemos si para cambiar sustancialmente esta situación (la dialéctica de clases y de Estados de cualquier sociedad política deja muy estrecho márgen de maniobra a los gobiernos burgueses, tanto de «derecha» como de «izquierdas», que tienen que continuar los planes y programas que la clase dirigente de un Estado tiene para ese Estado; esto sólo podría romperse con una Revolución Política que instaurase nuevos planes y programas, o que varíe significativamente los anteriores). El FMLN, partido de ideología socialdemócrata (esto es, ecualizado ideológicamente con los partidos que conforman la llamada Internacional Socialista, heredera de la Segunda Internacional de 1889, la socialdemócrata) está elaborando una campaña mercadotécnica en la que la palabra «Cambio» resuena por todas partes, tomando por ello de ejemplo el «Change, We Can» de la campaña presidencial de Barack Obama por el Partido Demócrata en los Estados Unidos de Norteamérica. Se ve que Obama está convirtiéndose en el modelo a seguir por partidos socialdemócratas, y también algunos liberales y demócratacristianos, de medio mundo, tanto ideológica como tácticamente. Y esta asunción táctica e ideológica tiene una meta: desbancar a ARENA del poder en El Salvador, un partido que lleva asentado en el mismo desde 1989.

Ha sido en Apopa, municipio cerca de San Salvador, donde ha comenzado el FMLN su campaña electoral. La «Caravana de la Esperanza», así la han llamado los socialdemócratas patrios, es la que está llevando un mensaje de cambio a todas las localidades del país. Pero quien esto escribe tiene dudas razonables para pensar que ese tan cacareado cambio por parte del socialdemócrata partido no será tal. ¿El motivo principal? El propio candidato del Frente: Mauricio Funes, un analista política y periodista, que fue corresponsal de la CNN en El Salvador. Para muchos esto no querrá decir nada, ya que la ideología, claramente demócrata —en sentido yanki— de esa cadena no debería influir en el posterior pensamiento político de Funes. Pero, teniendo en cuenta que, históricamente, el Partido Demócrata ha sido más agresivo en política exterior que el Partido Republicano (la era de Bush II es la excepción que confirma la regla, y la razón de esa excepción fue el 11-S), Funes, si ganase las elecciones, además de engañar una vez más a la nación política salvadoreña (algo que se lleva haciendo demasiadas décadas en El Salvador, pero cada pueblo tiene la clase política que se merece, aunque pueda doler el decirlo) podría suponer el afianzamiento del poder imperial estadounidense sobre El Salvador, ahora que la oligarquía financiera imperial (y, por extensión, oligarquía financiera mundial) tiende más a demócrata que a republicano. Funes encabeza todas las encuestas electorales, y aventaja en más de 15 puntos al candidato de ARENA, el ex director de la PNC (Policía Nacional Civil) Rodrigo Ávila.

Pero el FMLN, un partido nacido tras las negociaciones que acabaron con la Guerra Civil de 1980-1992, que enfrentó a la clase burguesa salvadoreña aliada de Estados Unidos frente a grupos de la antigua Izquierda Comunista, como muchos partidos ex comunistas, tras el hundimiento del Imperio Soviético ha virado de manera irremediable a la Izquierda Socialdemócrata, ecualizándose casi por completo en lo sustancial con ARENA. Aunque ARENA, como todo partido político que mantiene casi el mismo discurso de la Guerra Fría, tiende a la inercia, e identifica, al menos sus sectores más radicalizados, la lucha electoral contra el FMNL con el anticomunismo. El Salvador ha vivido cerca de un siglo de dictaduras militares de derecha y, tras esas dictaduras, gobiernos afectos al Imperio realmente existente. El FMNL vende el cambio, y muchos analistas políticos nacionales e internacionales creen que sería un cambio de consecuencias históricas para la nación. Pero en El Revolucionario pensamos que «todo está atado y bien atado» —en expresión del dictador español Francisco Franco— para que el Imperio no deje de controlar a El Salvador. Una nación política pequeña, inmersa en la progresiva depauperización de la población y en el agravamiento cada vez mayor de la delincuencia de las maras, bandas ultraviolentas y sanguinarias en las que acaban muchos de nuestros jóvenes, que probablemente sólo podría ver el final real de esta situación de tensión social constante si un Gobierno nacional trabajase por la unión económica primero, y política después, de la Hispanidad en un sistema político socialistas, universalista y, por qué no, Imperialista Generador.


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